España y el Toro : el último vestigio de una sociedad todavía por civilizar

Para muchos en este país sacar un toro a la calle −con los cuernos incendiados en fuego o sin ellos−, y dejarlo suelto para que una turbamulta se divierta a placer con él en las fiestas del pueblo es una tradición que debe ser respetada. Sin embargo, desde cualquier punto de vista filosófico y moral, esa práctica no puede más que ser considerada una aberración, un anacronismo histórico, una salvajada…

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España, la cultura del salvaje

En primer lugar hay que hacer hincapié en que el propio Ministerio de Cultura español es uno de los elementos del Estado que considera la tortura y muerte del toro como la fuente de magia que sustenta la identidad de un pueblo. Hay que añadir que enfrentar al torero ante la bestia también está considerado por el Estado español como la gran valentía del macho español ante un animal y es por ello que animan al turista a visitar una plaza de toros.

Así lo promocionan y reza la web: “Asistir a una corrida de toros es una vivencia muy intensa. Y es que si viene a España verá que los toreros no temen ponerse frente a estos animales con la sola ayuda de una capa roja llamada capote y una espada. Si se anima a viajar podrá asistir a esta exhibición de valentía durante las temporadas que se programan cada año. No se lo puede perder. Descubrir España es descubrir “la cultura del toro”, pues casi todas sus ciudades poseen una plaza de toros. Por su tradición y la frecuencia de espectáculos taurinos algunas son de primera categoría como la de Las Ventas de Madrid o La Maestranza de Sevilla. Disfrutará de un ambiente festivo y si la faena ha sido buena, podrá ver a un torero dar la vuelta al ruedo a hombros de sus compañeros y salir “por la puerta grande” si consigue triunfar. No olvide llevar un pañuelo blanco, porque si a los asistentes les entusiasma la corrida, agitarán sus pañuelos emocionados.

Comunidades presentando sacrificios ante sus vírgenes

Existen diversas fiestas populares en España donde se mata al toro por diversión y placer. La más conocida como Bous al carrer o Correbous, es una de las tradiciones taurinas más polémicas de los últimos años. Aunque en principio es una corrida, tiene algo muy particular que la hace diferente del resto: el toro lleva en cada cuerno una antorcha encendida. Estas están hechas con dos bolas de cáñamo impregnadas con un líquido inflamable y se suelen situar lejos de la cara del animal para que no sufra ningún daño. Para lograr colocárselas en las astas, los encargados del evento lo atraen hasta un pilón y una vez allí, se los colocan.

En Cataluña y Comunidad Valenciana ‘el correbous’ forma parte inevitable de cualquier programa festero en numerosas pequeñas localidades cuando llegan las fiestas de verano. Este espectáculo se realiza en distintas partes de España, sobre todo en la zona de Castellón, Valencia, Tarragona y Teruel. Aunque no se sabe donde surgió esta tradición, en Mora de Rubielos (Aragón) se lleva celebrando desde 1677.

En Cariñena, un pueblo de Zaragoza, esta fiesta a la que denominan “Toro de Ronda”, ha sido proclamada como fiesta de interés turístico en Aragón por el “nudo característico” con el que sujetan el fuego al asta del animal. Esto provocó el descontento de algunas asociaciones animalistas que opinan que esta actividad se debe considerar crueldad animal, ya que el toro está sometido a una situación de estrés.

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El “Toro de la Vega” es una tradición de origen medieval que se celebra en Tordesillas (Valladolid) el segundo martes de septiembre, por la festividad de la Virgen de la Peña. El torneo consiste en alancear al toro hasta su muerte y quien logra realizar la lanzada más certera y grave al toro es considerado el ganador de esta competición. El premio que se lleva son los testículos y el rabo del animal, que se suelen colgar de la lanza que le ha dado muerte. La diversión y la matanza están servidas en honor a la Virgen.

La actividad se realiza en un espacio estudiado. Todo comienza en las calles del pueblo, donde los picadores y lanceros conducen al toro hacia un campo abierto donde dará comienzo el alanceamiento. Esta fiesta siempre ha estado rodeada de polémicas debido a la salvajada y brutalidad por parte de un grupo de bárbaros que montados a caballo y portando  lanzas, acribillan a un animal indefenso hasta morir.

Miembros de asociaciones animalistas y los propios participantes del torneo habían llegado en ocasiones al enfrentamiento cuerpo a cuerpo, incluso lanzándose piedras unos a otros. Después de varios años de litigio entre el Ayuntamiento de Tordesillas y partidos animalistas, el Tribunal Supremo español ratificó el pasado mes de Marzo la prohibición de alancear al toro durante las fiestas. Éste próximo 8 de Setiembre harán honor a su patrona portando faroles en un desfile en forma de romería hasta su ermita, donde darán premio al farol más bonito; una ofrenda civilizada por lo menos.

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El “Toro de San Juan” en Coria (Cáceres) es otra tradición y veneración cuando llegan las fiestas de San Juan, de forma que lo celebran utilizando a un toro como si fuera una diana para lanzarle dardos.  Durante muchos años la fiesta consistía en ir persiguiendo al animal para dispararle los llamados “soplillos”, unos alfileres gruesos que iban penetrando en casi la totalidad de la piel del toro. Después de torturar al toro, viéndole sangrar hasta casi la extenuación, se le ejecutaba con un tiro de gracia. Igualmente tras numerosas luchas y denuncias por parte de diversos colectivos, se consiguió que ésta celebración que evolucionara hacia la civilización. La “Junta de Defensa de los Toros de San Juan” se organizó para que siguiera la tradición de la matanza. Pero desde el año 2009 se consiguió suprimir los soplillos y las banderillas cortas, aunque todavía se sigue persiguiendo al toro de forma menos bárbara hasta pegarle un tiro para que muera.

Vicky Moore, fue una activista inglesa que dió su vida intentando denunciar varias fiestas crueles con utilización de animales. Vicky fué embestida por un toro de Coria en 1995 mientras efectuaba una grabación de la tortura a estos animales. Se contabilizaron más de 20 cogidas, que la mantuvieron en coma alrededor de un año. Tras ser dada de alta, murió al poco tiempo como consecuencia de las secuelas. En declaraciones poco antes de morir, manifestó que nunca guardó sentimiento alguno negativo contra el animal, sino contra los que participan y permiten este tipo de festejos.

El origen de la fiesta de San Juan conocida como la del toro de Coria se remonta a los tiempos en que la ciudad era capital de los vetones, un pueblo de origen celta y dedicación ganadera que rendía culto al toro como animal sagrado. El solsticio de verano era recibido por estas tribus mediante ritos que giraban en torno al poder purificador del fuego y en los que el toro cobraba especial protagonismo. Estas tradiciones pronto fueron cristianizadas y la llegada de los meses más cálidos se hizo coincidir con el día de San Juan Bautista. Así, Coria siguió celebrando dicha festividad poniendo el acento en los dos símbolos que la identificaban: el fuego y el toro. Los encierros están documentados en Coria desde el siglo XIII como parte del fuero de Coria y no han dejado de aparecer en diferentes documentos oficiales a lo largo de la historia. La celebración de San Juan fue reconocida en 1976 como Fiesta de Interés Turístico Nacional.

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Vicky Moore rescatando a dos cabras en La Polvorosa (Zamora), que iban a ser lanzadas desde el campanario

En Medinaceli (Soria) se llena de visitantes en el mes de noviembre, cuando celebra sus fiestas. Desde el siglo XVI, se ata a un toro por los cuernos y se le pone un utensilio de metal con bolas de material inflamable para prenderle fuego a los cuernos. Sus defensores aseguran que como lo que arde es la cornamenta, el animal no sufre. La verdad es que el toro sufre graves quemaduras por todo el cuerpo. Además, aseguran que se le da una crema protectora y que ya no se mata al toro tras el festejo.

Pero no es el único sitio en el que se celebra algo parecido. PACMA recuerda que en la Comunidad Valenciana se celebra algo parecido en más de 140 municipios. Por eso, una de sus campañas activas es acabar con los toros de fuego.

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Si hay un festejo que se repite cada vez que llegan las fiestas a los pueblos españoles estas son las becerradas. Soltar a una becerra o toros de corta edad, que no suelen ser más grandes que un perro mastín, para ser toreadas, ponerles banderillas y golpeadas hasta que mueren a manos de los vecinos del municipio. El verano pasado, la becerrada más sonada fue la de Valmojado, en la provincia de Toledo. El PACMA difundió unas imágenes en las que quedaba claro el sufrimiento del animal. Lo mismo ha ocurrido este año con las celebradas en el Espinar, Segovia. Se puede ver, en los dos casos, con todo detalle cómo la becerra es atravesada por las banderillas y espadas, como escupe sangre. Las imágenes hablan por sí solas.

Los toros enamorados son una celebración se repite cada año en diferentes comunidades autónomas como Aragón, Navarra, La Rioja, Valencia o Andalucía. Sin embargo, la fiesta más conocida es la que se da en Benavente, Zamora, entre los días 9 y 14 de junio. Aunque su nombre puede llevar a pensar que es una tradición bonita y con tintes románticos, la realidad es otra muy diferentes. Se trata de atar por los cuernos a dos toros juntos y arrastrarles por las calles mientras los vecinos corren a su alrededor. Según denuncian los animalistas, las sogas que unen a los toros acaban produciéndoles daños en los cuernos y desgarros musculares en el cuello.

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Gobiernos cómplices de tortura y asesinato

Las asociaciones animalistas y partidos como el PACMA llevan años denunciando éstas formas de festejo exigiendo su fin y recordando que no hace falta comportarse como bárbaros para divertirse, que los animales son seres vivos y también tienen derechos. Aunque algunas de estas fiestas ya son parte del pasado, pues muchos pueblos han evolucionado en sus tradiciones dejando a un lado a los animales, nuestra geografía sigue repleta de fiestas en las que se les maltrata.

En el País Valenciano los colectivos animalistas han mostrado su decepción al comprobar que se siguen celebrando espectáculos taurinos de esta índole a pesar de que desde hace varios años gobierna en esa comunidad una coalición de izquierdas. Desde 2015, el balance histórico de la Memoria de Bous al Carrer del Gobierno valenciano indica que se han autorizado 35.287 actos taurinos en cualquiera de sus modalidades (vaquillas, bou embolat, encierro…), lo que supone una línea ascendente en la legislatura de los gobiernos del cambio. Destaca que más de la mitad de estos actos festivos, por llamarlos de alguna manera, se organizaron en las comarcas castellonenses, donde existe una gran tradición y un gran colectivo de aficionados.

Pero además, cuando nos fijamos en otros datos oficiales, constatamos la peligrosidad que los bous al carrer entrañan para la seguridad y la salud pública de las personas. Así, en 2018 se registraron 930 heridos, dos fallecidos y 13 toros muertos. La última baja fue un joven de 19 años que moría corneado por un astado en Xilxes (Catellón)

En el portal correbous.org se anima a cualquier persona que esté en contra de estas prácticas a que estampe su firma para que el Parlament de Cataluña termine de una vez por todas con las tradiciones que incluyen el maltrato de animales. Ya llevan 55.574 firmantes y cuando lleguen a 70.000 estudiarán una iniciativa para que los toros en la calle sean abolidos definitivamente.

Por su parte, el partido animalista Pacma se queja de que en todos estos años no se ha hecho nada para acabar con celebraciones taurinas que nos colocan a la altura de países tercermundistas. “Ha sido una legislatura totalmente perdida; hemos ido hacia atrás”, asegura Raquel Aguilar, coordinadora de Pacma en las comarcas de Valencia. Llegados a este punto, cabría preguntarse si el reglamento aprobado por el Gobierno de Ximo Puig no es demasiado permisivo con este tipo de eventos que esconden tras de sí un intolerable maltrato animal. Según Pacma, se han legalizado modalidades de festejos taurinos que hasta ahora no estaban permitidos y además se ha ampliado la regulación de clases prácticas de tauromaquia.

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Un Gobierno de izquierdas no debería permitir espectáculos taurinos de esta índole en los que en la mayoría de las veces se hace sufrir a un animal solo para que una muchedumbre se divierta durante una verbena y una noche de alcohol. La imagen de un toro perseguido por la calle, picado y vapuleado hasta la extenuación no resulta edificante ni dice nada bueno de un pueblo que se supone civilizado.

De hecho, Europa ya ha dado varios toques de atención a España para que controle y en su caso prohíba este tipo eventos taurinos propios de tiempos pasados pero que tanto chirrían en el siglo XXI. Sin embargo, nuestros gobiernos, tanto los regionales y municipales como los centrales, siguen haciendo la vista gorda sin duda para no soliviantar al poderoso lobby taurino, últimamente aliado con un partido ultraderechista como Vox que pretende proteger cualquier tipo de fiesta y tradición relacionada con la tauromaquia por bárbara y extemporánea que sea.

Soplan malos tiempos para el respeto a los derechos de los animales y si gobiernos que se dicen de izquierdas no adoptan una posición contundente, valiente, sin complejos ni titubeos electoralistas, se habrá perdido una buena oportunidad para avanzar hacia una sociedad mejor, un pueblo cada vez más civilizado.

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