Los tremendos consejos de Elena Francis a mujeres maltratadas o violadas

“Las cartas de Elena Francis”, es un libro que recoge las historias que mandaban mujeres durante el franquismo al programa “El consultorio de Elena Francis”. Cuando este célebre programa comenzó su andadura, en 1947, las mujeres preguntaban remedios caseros para eliminar manchas del tresillo, recetas de cocina o ungüentos para combatir los sabañones. El programa fue cambiando con los años. Pero fue una evolución mínima. Nunca perdió el tono moralizante y conservador. Se emitió durante 36 años. Los últimos consejos de doña Elena Francis se escucharon en 1984: con Felipe González en la presidencia del Gobierno y el divorcio legalizado…

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Nadie podía imaginar que en una masía abandonada de Cornellà (Barcelona) aparecerían más de un millón de cartas. Era 2005 y la correspondencia estaba repleta de polvo. Se notaba que hacía años que nadie se había preocupado de leer esas misivas. Lo curioso es que todas ellas se dirigían a una misma persona: Elena Francis.

El Archivo Comarcal del Baix Llobregat asumió la custodia de 100.000 cartas y quemó el resto. De estas, 4.325 han sido analizadas por Rosario Fontova y Armand Balsebre, así como las respuestas enviadas por un equipo de contestadores. Una investigación que ha salido a la luz en forma de libro ‘Las cartas de Elena Francis, una educación sentimental bajo el franquismo’ editorial Cátedra, y que tiene por objetivo retratar al tanto al personaje como a sus atormentadas seguidoras.

La madura consejera

Elena Francis fue una magnífica campaña de marketing ideada por un matrimonio catalán para vender los productos de cosmética de su empresa. José Frade y Francisca Bes Calvet eran propietarios del Instituto y Laboratorios de Belleza Francis, fabricante de la crema de ojos, ‘que elimina las arruguitas y combate las patas de gallo’, según proclamaba la publicidad; y del Depilator Francis, y demás productos.

El programa nació en Radio Barcelona para dar consejos de belleza y vender productos, se ponían canciones dedicadas, se leían vidas de santos y ‘biografías ejemplares’ y se contestaban las cartas de las oyentes. Sus promotores tuvieron la genial idea de que fuera una mujer madura y con áurea de sensata sabiduría quien prescribiera los potingues y consejos. El nombre de Elena Francis viene del de su inventora: Francisca Elena Bel Calvet. El consultorio se convirtió en entretenimiento, consuelo y compañía para muchas mujeres. Y comenzaron a llover cartas con preguntas de todo tipo. Los Frade contrataron a un equipo de guionistas para que las contestasen. Una estratagema del Instituto de Belleza Francis para publicitar sus productos que resultó ser todo un éxito.

“¿Te gusta escribir?”, preguntaban los anuncios para reclutar escribientes. Para ser ‘contestador Francis’ había que tener máquina de escribir propia y no cometer faltas de ortografía. Y por supuesto era imprescindible la máxima discreción: la identidad de Elena Francis era secreta. Por supuesto, las respuestas que redactaban  esos guionistas eran supervisadas por un equipo del que formaron parte sacerdotes y psicólogos. Solo se contestaban por radio unas cartas escogidas. Para las voces de la misteriosa Elena Francis -que no concedía entrevistas, porque era muy celosa de su intimidad- los Frade contaron con varias locutoras; la primera fue María Garriga y la última fue Maruja Fernández. Los oyentes identificaban su aspecto con el de la madura consejera.

Detrás de cada respuesta encabezada casi siempre por un inconfundible ‘querida amiga’, había algún guionista enmascarado. También hubo varios. A partir de 1966, el encargado de responder a mujeres que firmaban sus cartas como «Una sufridora», «Un corazón herido», «Burlada» o «Atormentada» estaba el periodista especializado en información taurina Juan Soto Viñolo.

Angela Castells fue la primera guionista quien sentó las bases narrativas para los contestadores de cartas. Castells pertenecía nada menos que a la sección femenina de Falange y al Patronato de Protección de la mujer, que, lejos de proteger a la mujer, hacía, entre otras cosas, informes con los datos recogidos por un organismo llamado Liga Española contra la Pública Inmoralidad.

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María Garriga, a la derecha, fue la primera mujer que dio voz al personaje de Elena Francis en Radio Barcelona. Imagen del libro ‘Las cartas de Elena Francis’

El programa retrató una época

La mujeres no sólo enviaban consultas de belleza, como en un inicio se estipuló, sino que también confesaban ser víctimas de violencia de género o de violación. Este tipo de cartas eran marcadas con un asterisco para señalar que su contenido era delicado. Tenían una censura doble: política y religiosa. De hecho, la radio tenía un sacerdote en nómina para ese cometido y, pese a que no se leyeran por radio, sí que eran en su mayoría contestadas. No obstante, las respuestas son más que cuestionables y escalofriantes.

Actualmente puede parecer una locura, pero el franquismo estipulaba una serie de estrictas normas de conducta que hacían pensar que determinadas cosas eran normales. Son cartas mayormente infelices. A ello se le añadían sus respuestas, que aconsejaban la sumisión y resignación, remarcando la responsabilidad y culpabilidad hacia la fémina. La estructura de Falange, la Iglesia, y el franquismo quiso que estuvieran en la cocina. Y estas cartas reflejan cómo la dictadura les arrebató cualquier posibilidad de autonomía.

Violada por su jefe

  • Pregunta : A los 12 años, mi madre me hizo acompañar al amo a su habitación. Me hizo todo lo que quiso. Luego en Madrid, en la primera casa, el señorito me quiso hacer eso. Me defendí y me despidieron sin pagarme. Ahora estoy en otra casa. Desde que la señora murió, el amo se mete en mi cama. Todos los días quiere. Dice que le dé un hijo y me comprará un piso. ¿Qué hago, señora Francis? … P. R. Madrid, 1972.
  • Respuesta: La vida ha sido muy dura contigo. Trata de lograr que te compre el piso poniéndolo a tu nombre. Si lo hace, tendrás un capital y un sitio donde vivir. Si consigues el piso, habrás logrado algo positivo después de tantas humillaciones. Serás capaz de rehacer tu vida.

Embarazada

  • Pregunta: Estudio quinto de Bachillerato, tengo 15 años. Hace un mes me invitaron unos amigos a una fiesta. Al llegar solo estaba allí el chico que me gusta. Insistió en que me quedara. Bailamos y nos besamos. En fin, señora, que estoy esperando un hijo. Él dice que no es el padre. ¿Qué hago? Estoy desesperada… R. Barcelona, 1972.
  • Respuesta: Es lógico que el muchacho rechace la paternidad y te abandone. Hay que aceptarlo sin traumas ni histerismos. De lo que se trata es de que tú y tu familia aceptéis este embarazo y al niño, procurando que este hecho, que provocará problemas familiares, de relación social y laboral, no complique gravemente tu vida.

Adulterio

  • Pregunta: Una amiga soltera que frecuenta discotecas y ‘boîtes’ me dice que ve frecuentemente a mi marido divirtiéndose con otras mujeres. Fui a una discoteca y lo encontré acaramelado con una chica. Me fui llorando. En casa le pedí explicaciones y dice que fue allí por asuntos de negocios.
  • Respuesta: No se preocupe, los hombres son proclives al adulterio. Posiblemente se trate de una aventura pasajera. Tiene que conseguir que su marido se vuelva a interesar por usted al tiempo que se sienta bien en casa extremando sus atenciones personales, quizá un tanto abandonadas por la rutina.

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Fuentes e imágenes: La Vanguardia // XLsemanal

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