Alemania conmemora el 80 aniversario de la ‘Noche de los Cristales Rotos’

La canciller alemana Angela Merkel, y el presidente del país Frank-Walter Steinmeier, llamaron este viernes a defender la democracia y a mantener vivo el recuerdo del Holocausto como una advertencia contra el antisemitismo y el racismo en tiempos convulsos. “El Estado no puede mostrar tolerancia alguna cuando alguien es atacado a causa de su fe o del color de su piel. Trabajemos juntos para que algo como lo que ocurrió hace 80 años no se repita jamás”, dijo Merkel, vestida de negro, en el acto conmemorativo en la sinagoga central de Berlín…

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Antes del comienzo oficial de la II Guerra Mundial (el 1 de septiembre de 1939), y del exterminio que sufrieron los judíos durante el conflicto, tuvo lugar la chispa que motivó tener a gran parte de Alemania a favor de esta matanza. En agosto de 1938 el gobierno nazi empezó a ponérselo difícil a la comunidad judía, y canceló el visado de residencia a todos los extranjeros, aunque llevaran décadas viviendo en Alemania. La medida expulsó a 17.000 judíos hasta la frontera de Polonia, donde permanecieron a la intemperie durante semanas porque Polonia se negó a acogerlos.

La familia Grynszpan fue una de las muchas repudiadas, excepto Herschel Grynszpan, que por ese momento residía en París con su tío, por lo que se salvó. En represalia por la medida, el 9 de noviembre de 1938 Herschel disparó en la embajada de París a un diplomático alemán, Ernst von Rath. La noticia corrió como la pólvora, lo que le vino genial a Hitler para llevar su causa antisemita más allá. En Alemania el suceso no tardó en causar revuelo, y el gobierno se encargó de tratar la noticia como un atentado contra la comunidad alemana. Esa misma noche el pueblo alemán inició su venganza, impulsada por el gobierno, y se lanzaron a las calles quemando sinagogas, comercios judíos, casas asaltadas…una espiral de violencia sin precedentes.

Una investigación reciente del periodista e historiador Armin Fuhrer desveló que la muerte de aquel diplomático alemán pudo evitarse. Probó con documentos y testimonios que tras el atentado su estado era estable en el hospital, hasta que Hitler, en un gesto aparentemente solidario, mandó a su médico personal para que le atendiese, pero casualmente fue entonces cuando su estado empeoró y finalmente falleció. La muerte como un mártir beneficiaba mucho a Hitler, y al parecer, no dejó escapar la ocasión.

Esta terrorífica noche fue bautizada como “La noche de los cristales rotos”, (o “Kristallnacht”, en alemán), y para muchos fue el inicio del holocausto, que asoló a la comunidad judía durante muchos años.

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El ministro de propaganda nazi Paul Joseph Goebbels fue quien ordenó las primeras agresiones contra sinagogas y edificios de la comunidad judía en algunos distritos. La noticia de la muerte de un diplomático alemán en París a manos de un joven de origen judío se utilizó como excusa en la prensa para hacer pasar los ataques por una reacción espontánea popular. El joven, llamado Herschel Grynszpan, residía en París. Sus padres eran oriundos de Polonia, pero habían emigrado hacia Alemania, donde él había vivido la mayor parte de su vida. Cuando en octubre de 1938 las autoridades alemanas incluyeron a los padres de Grynszpan entre los judíos deportados a Polonia, el muchacho ingresó en la embajada alemana y disparó contra Ernst Von Rath, un funcionario que falleció dos días después.

Los ataques del 9 de noviembre fueron perpetrados mayormente por los las divisiones de asalto bajo el comando de líderes regionales del partido Nacionalsocialista. Las SS y la Gestapo también participaron. Sin embargo, como explica el historiador Alan Steinweis, en varias localidades nóminas enteras de empleados de empresas y comercios, las juventudes hitlerianas, y niños en edad escolar animados por sus propios maestros arremetieron contra las sinagogas y las tiendas de judíos. En la ciudad de Saarbrücken, por ejemplo, se sacó a los judíos de sus hogares en medio de la noche y se los llevó a la casa de rezos donde fueron obligados a bailar mientras eran rociados con mangueras de agua. Este tipo de atrocidades se multiplicaron por todos los territorios del Tercer Reich y se registraron cerca de cien muertes.

Durante la Noche de los cristales rotos se destruyeron más de 7.500 comercios y 1.400 sinagogas. En los días posteriores, 30.000 judíos fueron enviados a los campos de concentración de Dachau, Buchenwald y Sachsenhausen. Hitler había encomendado personalmente esto último al jefe de la Gestapo.

Algunos de los objetivos del pogromo de noviembre fueron incentivar la salida de judíos de Alemania y acelerar la transferencia de sus propiedades. El 12 de noviembre se sancionó el decreto de “Eliminación de los judíos de la vida económica” y se les impuso una multa colectiva por el asesinato de Von Rath. En los meses posteriores se completaron las expropiaciones y los judíos fueron quedando en una situación cada vez más vulnerable.

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¿Por qué este odio hacia los judíos?

Hitler y los nazis hicieron responsables a los judíos de sucesos importantes, como la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial y la crisis económica, mientras que los judíos no tenían culpa alguna de ello.  Sin embargo, al culpar a los judíos por todo ese malestar, Hitler los convirtió en la imagen del enemigo. Los judíos eran los responsables de los problemas de Alemania, según Hitler. Muchos creyeron en él.

La solución para todos esos problemas era proscribir a los judíos de la sociedad. Gracias a este mensaje político y a la promesa de convertir a Alemania en un gran país, de poderosa economía, Hitler ganó las elecciones de 1932. En 1933, él y su partido llegaron al poder.

¿Fue el antisemitismo una idea de Hitler? No, él usó ideas antisemitas que ya existían de larga data. Hitler era austríaco. Creció en Viena, cuyo alcalde era un antisemita recalcitrante; además, en esa ciudad, el odio a los judíos era moneda corriente. El antisemitismo de Hitler no está, por tanto, basado en una específica experiencia personal negativa; por ejemplo, con un amigo de la infancia, lo que podría justificar su odio hacia los judíos, tal como piensan algunos niños.

Hitler y los nazis pensaban que también los humanos eran clasificables en razas, y que en el mundo había una lucha entre ellas. La «raza aria» era la mejor, la más fuerte; los judíos pertenecían a otra, inferior. Los judíos pertenecían a una raza tan inferior que los nazis ya no los consideraban más como personas.

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