El robo de la colección ‘Duque de Hernani’ por la Familia Real española

En 1976, la familia real española, en colaboración con la segunda mujer del Duque de Hernani, Teresa Mariátegui, y varios funcionarios públicos, elaboran un plan para apoderarse de la colección de pintura y arte Duque de Hernani y vender una parte de la misma al objeto de tener un capital en el extranjero. El plan consiste en falsificar la sucesión del anciano Duque y al tiempo, destruir la documentación de la colección para evitar cualquier reclamación de los legitimarios..

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EL ducado de Hernani fue creado hace un siglo por Alfonso XIII, para recompensar a un salvaje que abofeteaba a los que se atrevían a criticar en su presencia al monarca. En la monarquía resulta sencillo ser duque o marqués. Se trata de un privilegio real, entregar títulos de tierras españolas, porque las consideran propiedad suya por derecho divino sin molestarse en consultar la opinión de los vasallos.

Se llamaba el primer duque de Hernani Manfredo Luis de Borbón y Bernaldo de Quirós (1889-1979), y ya ostentaba el ducado de Ánsola por herencia, cuando el 11 de agosto de 1914 le fue otorgado el de Hernani por real capricho. Se decía que no era hijo de su presunto padre, Luis Jesús de Borbón y Borbón (1864-889), duque de Ánsola, grande de España, sobrino de Francisco de Asís de Borbón, más conocido por el mote de Doña Paquita, el rey consorte de la golfísima Isabel II. La madre, Ana Germana Bernaldo de Quirós (1866-1934), también grande de España por ser marquesa de Atarfe, era hija de María Cristina Muñoz y de Borbón, hija a su vez de la reina gobernadora, María Cristina de Borbón, viuda del criminal rey Fernando VII. Contaban los chismosos de la Corte que el verdadero padre de Manfredo Luis fue el notorio amante de su madre, Manuel Méndez de Vigo y Méndez de Vigo (hijo de dos primos hermanos) con quien se casó en segundas nupcias quedar viuda.

El “Tío Manfredo” se casó en dos ocasiones sin tener descendencia, por lo que no tenía más familia que los Méndez de Vigo, la rama nacida de los hijos de su padrastro, a la cual se mantenía muy allegado. Especialmente estrecha era la relación con su sobrino Francisco Javier Méndez de Vigo y del Arco, al que todas las evidencias apuntaban como sucesor en el ducado y heredero del patrimonio. Sin embargo a la muerte del duque apareció un testamento en el que dejaba el patrimonio en herencia a su viuda Teresa Mariátegui, y el ducado a Margarita de Borbón, hermana del Rey Juan Carlos I.

Dados sus antecedentes familiares, “Tío Manfredo”poseía una gran fortuna, y una valiosísima colección de 681 cuadros, firmados por algunos de los más ilustres artistas desde el Renacimiento, como Tiziano y Rembrandt, de valor incalculable por eso mismo. Se los tasó en mil millones de euros, aunque al tratarse de piezas únicas es imposible valorarlas con un precio ajustado en un mercado artístico sin referencias adecuadas.

Diversas voces hablan de la falsificación de la firma del testamento, de la no publicación en el BOE del Real Decreto por el que se cedía el título nobiliario a la infanta Margarita y de la manipulación, por parte de la Casa Real, de la viuda del duque, probablemente indiferente a la colección de arte de su marido. Desde entonces la despechada familia Méndez de Vigo ha tratado de llevar a los tribunales a la Familia Real en repetidas ocasiones en un intento vano por recuperar lo que, afirman, les pertenece. Otras veces han sido ellos los querellados por injurias al Rey.

La batalla comenzó tras la muerte del aristócrata a los 91 años por una de las mejores colecciones de arte del país y un Ducado que todos en la familia creían que terminaría recayendo en su sobrino Francisco Javier Méndez de Vigo y del Arco, a quien su tío ya en 1969 traspasó uno de los tres títulos nobiliarios que llegó a ostentar. Pero el sobrino se quedó con un palmo de narices al comprobar que se modificaba el orden sucesorio del Ducado. Nunca sería el II duque de Hernani.

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Tras la muerte de Manfredo en 1979, la herencia del Duque de Hernani fue robada por el rey y el jefe de la casa real Sabino Fernández Campos. Juan Carlos firmó el Real Decreto que colocaba a su hermana ciega Margarita como sucesora del título del Duque de Hernani, como si fuera familia del finado y después Sabino falsificó el testamento del Duque adecuándolo al Real Decreto. La familia real vendió después algunos cuadros a museos extranjeros a través del anticuario de Madrid Manuel González y de la empresa Sotheby’s, en donde la infanta Pilar (la otra hermana del rey) desempeñaba un papel directivo.

Los compradores fueron el museo Byron de Texas, el Metropolitano de Nueva York, museos de Chicago y Brasil, además de algunas colecciones particulares en Inglaterra. Para ocultar las ilegalidades de estas exportaciones, toda vez que se trataban de bienes de interés cultural, Alfonso Pérez Sánchez, por entonces director del museo del Prado, adulteró los inventarios del museo, borrando la localización de las obras en España. Y con el mismo fin Felipe Garín Llombart, director del Instituto del Patrimonio Histórico sustrajo los expedientes de la colección Hernani, con cuadros de Tiziano, Veronés, Caravaggio, Rubens, Rafael…, sin duda la colección de arte en España más importante después de la Thyssen.

Sabino Fernández Campos resulta ser la persona fundamental del robo. La reina Sofía en cuanto conocen su última enfermedad y ante la imposibilidad de ocultar por más tiempo la colección en España decide sacar fuera los cuadros antes de que sea demasiado tarde. En septiembre del 2009 la Casa Real comunicaba que Urdangarín y su esposa la infanta Cristina fijaban su residencia en Washington por motivos laborales, sin embargo la razón era otra; fue la reina la que ordenó sacar de España la colección de Hernani y guardarla en la nueva residencia, produciendo el mayor daño que jamás se haya hecho al patrimonio artístico español.

La muerte de Sabino en diciembre del 2010 marca un antes y un después en la familia real. El caso NÓOS en el fondo es un alivio para la reina y Urdangarín, que les aparta de la salida de los cuadros y justifica su residencia en Washington, como también es un alivio para los dos saber que el Estado español no puede reclamar las obras porque no es el propietario.

El robo de todos los documentos

El primer paso de la operación consiste en el robo de los documentos de la colección que se encuentran en el domicilio del Duque para prevenir las posibles reclamaciones de los dueños de los cuadros que se van a robar. Así, en la noche del 23 de febrero de 1977, dos falsos sirvientes, que habían sido contratados dos meses antes, proceden al robo de los documentos tras narcotizar al resto del personal. Los falsos sirvientes abandonan la casa llevándose los títulos de propiedad de las obras, además de 17 cuadros de la colección, con destino a Portugal.

Nueve días después, la misma Casa Real, por medio de la policía, filtra la noticia del robo a la prensa y, el 2 de marzo de 1977, se publica la noticia en España haciendo hincapié en el robo de los cuadros y sin hacer mención a los documentos. A los dos meses, los cuadros aparecen en Portugal y se detiene a los delincuentes, pero los documentos no se mencionan. En 1979, la familia del Duque de Hernani descubre que nunca se abrió el proceso penal por este robo. Se trataba de un montaje y nunca se supo nada más de los falsos sirvientes.

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La falsificación de los testamentos

El 6 de enero de 1979 fallece, a los 91 años, el anciano Duque de Hernani, y la familia real se apodera de los cuadros, una parte de los cuales se encontraba depositada en el Museo del Prado. Para no levantar sospechas, falsifican el último testamento del Duque y colocan a la segunda esposa del causante, Teresa Mariategui Arteaga, como heredera única , pero actuando como testaferro hereditario que después les entregaría los cuadros. Paralelamente, para justificar la posterior aparición de los cuadros en el patrimonio privativo de la familia real, el rey, otorga un real Decreto en el que permite que el Ducado de Hernani sea ostentado por su familia, concretamente por su hermana Margarita, bajo el pretexto de haber recibido una carta del Duque en el que le transmite su deseo de modificar, por testamento, la línea de sucesión del ducado. Naturalmente, esta carta es falsa.

Encubrimiento del robo y de la estafa

Los errores cometidos por la familia real al realizar el robo y la estafa permiten descubrir la operación. Se genera entonces un intenso trafico de influencias, dirigido al encubrimiento de los delitos que, en realidad, es una huida hacia delante de la familia real .

El primer error de la familia real es olvidarse de pagar los impuestos sucesorios de la testaferro, dejando en evidencia que no había recibido la herencia. Para demostrar que Teresa Mariátegui es una vulgar testaferro de la casa real, la familia del Duque de Hernani formula contra ella Denuncia Publica por impago de los impuestos , y, efectivamente, la Delegación de Hacienda de Madrid , recibe la orden de paralizar la Denuncia Publica 40/86 para no dar al traste con el robo y la estafa real. En 1993, el Delegado de Hacienda intenta quitársela de encima y falsifica una valoración de los cuadros, de acuerdo a las directrices de la compañía Sotheby’s, en la que trabaja la Infanta Pilar de Borbón, y emite una resolución en la que valora la colección en 25 millones de pesetas.

La Resolución es recurrida y en la actualidad, el procedimiento de la Denuncia Publica 40/86 se encuentra acumulado a las Diligencias Previas nº 6049-95 del Juzgado de Instrucción nº 46. La Agencia Tributaria y Sotheby’s  dicen ahora que han perdido los expedientes.

El segundo error de la familia real fue robar los títulos de propiedad de los cuadros del domicilio del Duque de Hernani, sin darse cuenta que eran copias de otros documentos originales que se encontraban en los archivos del Patrimonio Histórico Español. Cuando se contrasta la documentación del Instituto del Patrimonio Histórico con la documentación que se confeccionó para vender los cuadros robados al extranjero, por medio de testaferros, se descubre en seguida que está falsificada. Para solucionar este problema la familia real acude, de nuevo, al abuso de poderes y se hacen desaparecer del Instituto los expedientes 518 y 110 de la colección Duque de Hernani.

Y no sólo eso, sino que, para no dejar ningún vestigio sobre la verdadera propiedad de los cuadros, se procede a la falsificación del Inventario General del Museo del Prado. Pese a todo, el encubrimiento resulta inútil porque la familia del Duque de Hernani consigue reconstruir los expedientes sustraídos con los duplicados de dichos documentos que obraban en el Instituto y que, por error, se olvidaron de sustraer.

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Descaro de la Familia Real

Cuando ya resulta imposible ocultar que la familia real llevó a cabo el robo y estafa de la colección Hernani, la única solución que se le ocurre al jefe de la Casa Real, Sabino Fernández, es amenazar expresamente a todos los medios de comunicación españoles para que no publiquen nada sobre el asunto. La amenaza, que permanece en pié, se recoge por primera vez en la emisora C.O.P.E. programa de Antonio Herrero del día 28 de septiembre de 1994. Evidentemente la amenaza se extiende a todo los cargos públicos.

Al poco tiempo fallece la testaferro, Teresa Mariátegui Arteaga, de quien ya se habían olvidado, y deja un testamento en donde se revela que no ha recibido los bienes de la herencia de su marido. La familia real, haciéndose todavía la ilusión de que nadie les ha descubierto, acude entonces al Director General del Registro y del Notariado para que les falsifique otro Certificado de Ultima Voluntad en el que se incluyan dos testamentos falsos posteriores. El Director General hace el encargo, con lo cual hay ahora dos certificaciones de ultima voluntad , además de dos testamentos falsos añadidos.

Como ultimo recurso, la familia real intenta el blanqueo judicial del robo y estafa de la colección Duque de Hernani sin tener que devolver los cuadros robados. Algunos jueces siguen el peligroso juego. El Tribunal Supremo les confirma como sucesores del Duque de Hernani despreciando la documentación falsificada. El Juzgado de Instrucción nº 46 paraliza todas las investigaciones sobre el paradero de los cuadros y hace inútiles las querellas criminales presentadas contra ellos.

Fuentes: AngelFire // ElMundo

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