Recordando a Sacco y Vanzetti

El 23 de agosto de 1927, el zapatero Nicola Sacco de 36 años y el pescador Bartolomeo Vanzetti de 41,  inmigrantes italianos, hombres de trabajo y anarquistas, murieron en la silla eléctrica por presunto robo a mano armada y doble asesinato en South Braintree, Massachusetts. Declarados culpables por el jurado, el juez Webster Thayer aplicó la máxima sentencia..

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El día 15 de abril del año 1920 tuvo lugar un robo cuidadosamente planeado y despiadadamente ejecutado en la localidad de South Braintree, Massachusetts, En el curso de este robo, fueron muertos por los bandidos, un pagador y un guardia de la empresa. Posteriormente, dos hombres, Nicola Sacco, obrero zapatero, y Bartolomeo Vanzetti, ex panadero y peón de un horno de ladrillos y en ese momento vendedor ambulante de pescado, fueron detenidos acusados de haber cometido este robo y doble asesinato.

De acuerdo con las leyes del Estado de Massachusetts, se escuchan las peticiones y se interponen los recursos antes de que el juez dicte sentencia en el caso. En el caso Sacco y Vanzetti, esos recursos, peticiones y mociones se extendieron a lo largo de más de siete años. El día 9 de abril de 1927 el juez que entendía en la causa, condenó a muerte a los dos hombres y ordenó que esa sentencia fuera ejecutada el día 10 de julio de 1927.

A 92 años del suceso, la muerte de Sacco y Vanzetti es un lacerante signo universal del odio y el prejuicio de una larga etapa de la vida norteamericana contra los inmigrantes, los italianos y los anarquistas, renovados no con menos virulencia en Hollywood a partir de 1947 contra comunistas (o sospechosos de tal ideología) bajo las sombras siniestras del senador Joseph McCarthy y del eterno jefe del FBI Edgar J. Hoover, autores de la llamada “Caza de brujas” que llevó a la muerte, la pérdida de trabajo y el exilio a notorias figuras del cine bajo sospecha de activividades antinorteamericanas, vulgo comunismo.

El juez Webster Thayer no ocultó su odio antes de obtener pruebas: “Este hombre, Vanzetti, aunque en realidad no haya cometido ninguno de los crímenes que se le atribuyen, es sin duda culpable porque es un enemigo de nuestras instituciones”, dijo. No sorprende que esta escandalosa arbitrariedad haya sido borrada de las transcripciones del juicio. En esos años, los Estados Unidos vivían bajo la histeria de lo que el escritor y periodista Lewis Frederick Allen llamó “el Gran Espantajo Rojo“: un eco del gran espantajo rojo y negro, los colores del anarquismo.
Las cosas sucedieron así.

Sacco y Vanzetti fueron arrestados en Buffalo, Nueva York, el 5 de mayo de 1920. La acusación: el asesinato del empleado Frederick Parmenter y del vigilante de seguridad Alessandro Berardelli, más el robo de 15.776 dólares con 51 centavos en la Slater–Morrill Show Company, Pearl Street, South Baintree, en la tarde del 15 de abril de 1920.

Así estaban las cosas

Sacco había nacido el Torremaggiore, Foggia, y emigró a los Estados Unidos con 17 años, y Vanzetti, nacido en Villafalletto, Cuneo, recaló allí a los 20 años.  Al igual que millones de italianos, Sacco y Vanzetti habían emigrado a Estados Unidos movidos por el sueño de la América próspera. Se conocieron en los alrededores de Boston. Ambos formaban parte de un grupo de anarquistas, muy perseguidos y satanizados en aquellos días revueltos, que participaban en las luchas sindicales contra las condiciones de semi esclavitud que imperaban en aquel momento en el régimen laboral norteamericano. Como en toda sociedad clasista, los inmigrantes ocupan los peores puestos en el tejido social, sufriendo condiciones pésimas e infrahumanas en el ámbito laboral. A ello, se suma que en ese momento los anarquistas italianos estaban a la cabeza en la lista de los enemigos peligrosos del gobierno.

El estigma de Sacco y Vanzetti radicaba en pertenecer a la rama anarquista denominada Galleanista, organizada bajo la figura de Luigi Galleani. Aunque nunca existieron pruebas fehacientes de los roles que desempeñaron Sacco y Vanzetti; eran admiradores de éste anarquista, igualmente italiano e inmigrante que predicaba la violencia revolucionaria con su parafernalia de atentados con bombas caseras, el robo “por la causa” y el “asesinato útil”, propuestos desde su diario Cronaca Sovversiva, y un manual para fabricar bombas en La Salute è in voi!, otros de sus pasquines.

Galleani y sus ocho socios fueron deportados el 24 de junio de 1919. Sesenta de sus militantes, sobre la premisa de la lucha de clases, durante tres años siguieron sus ataques contra políticos, jueces y oficiales federales. Una docena de actos terroristas con un desiderátum: bomba en la casa del fiscal general Mitchell Palmer el 2 de junio de 1919 que estalló en las manos de Carlo Valdinoci, del grupo Los luchadores anarquistas, mientras la instalaba, y murió allí mismo. Valdinoci era amigo de ambos, aunque nunca se probó.

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La detención de Sacco y Vanzetti

En un principio, en el momento de su detención a ninguno de los dos se les acusaba de delito alguno, de hecho, las preguntas que se les formularon giraban alrededor de sus ideologías políticas, pues, no existían pruebas que incriminasen en ningún acto delictivo a los dos anarquistas, tan solo habían participado en varias movilizaciones anarquistas contra el sistema clasista que perpetuaba el abismo entre ricos y pobres, y la esclavitud de la clase obrera. Sin embargo, tanto Sacco como Vanzetti acabaron encarcelados y acusados de un doble asesinato que ellos no perpetraron, en un contexto de delirio anticomunista, donde italianos y anarquistas eran igual de perseguidos y despertaban muchas antipatías en la sociedad estadounidense.

Poco después de los robos de South Baintree y de South Bridgewater, aparece en la palestra el nombre del anarquista italiano Ferruccio Coacci, que posteriormente sería deportado por haber sido el impulsor de atentados contra el gobierno. El jefe de policía local Michael Stewart sospechando de Coacci, allanó su casa donde entontró a un tal Mario Buda, llamado “Mike Boda”, que confesó tener unas armas como las usadas en los dos asesinatos y el robo que, sin pruebas y de rebote, escribiría la tragedia de Sacco y Vanzetti. Además Mike Buda guardaba dos autos en un garaje, uno de los autos resultó ser muy similar al visto en las proximidades del lugar donde ocurrieron los hechos. La policía hace una redada en este garaje, encontrando a Buda acompañado de tres hombres: Riccardo Orciani y Sacco y Vanzetti.

Mario Buda escapó en una moto con Riccardo Orciani, y los desdichados Sacco y Vanzetti, seguidos desde un tranvía, cayeron presos. Estaban armados con pistolas y literatura anarquista: “Las llevamos por protección”. Nada raro, casi todos los anarquistas portaban armas. Pero los detuvieron.

El Estado basó su acusación en éstas dos pruebas que muchos consideraron insuficientes. Los testimonios contradictorios entre los testigos también causaron controversia. Cuando el jurado pronunció su veredicto de culpabilidad, socialistas e intelectuales, como Dorothy Parker, Edna St. Vincent Millay, Bertrand Russell, John Dos Passos, Upton Sinclair, George Bernard Shaw y H. G. Wells, entre otros, protagonizaron movilizaciones por todo el mundo, ya que, afirmaban que los dos hombres habían sido condenados por el simple hecho de ser emigrantes y anarquistas. Durante los siguientes seis años se presentaron mociones para la aportación de nuevas pruebas y se interpusieron recursos que fueron denegados.

En 1925, Celestine Madeiros, recluso condenado a muerte por otro asesinato, confesó haber pertenecido a la banda que cometió los delitos de South Braintree. De hecho, el líder de la banda, a la cual pertenecía Madeiros, Joe Morelli tenía un asombroso parecido a Sacco, lo que entorpeció la identificación del ganster en contra de la figura de Sacco. Sin embargo, los tribunales desestimaron la declaración y el abril de 1927 se falló la sentencia de pena de muerte para Sacco y Vanzetti. Se produjeron varios aplazamientos de las ejecuciones, pero el 23 de agosto de 1927, Sacco y Vanzetti murieron en la silla eléctrica. La ejecución de Sacco se llevó a cabo a las 0.19 y siete minutos después una potente corriente eléctrica acabó con la vida de Vanzetti.

Cincuenta años después, en 1977, en un increíble acto de cinismo, el gobernador de Massachusetts se excusó públicamente por las graves fallas cometidas durante el proceso a Sacco y Vanzetti, y proclamó su total y absoluta inocencia y pidió disculpas, salvando el ‘buen nombre y honor de los mártires’. Demasiado tarde para Nicola y Bartolomeo. Con ello, quedaba en evidencia el sistema judicial estadounidense y, la impunidad de la que había gozado el estado de EEUU al permitir el asesinato de dos hombres inocentes que sencillamente fueron ejecutados por sus creencias ideológicas.

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El polémico e injusto proceso judicial y el trágico final de estos hombres no puede entenderse por fuera del contexto mundial. Cuando fueron detenidos, hacía poco que había concluido la Primera Guerra Mundial. Trajo una atmósfera saturada, y fomentada por las potencias imperialistas, de odio y xenofobia contra los extranjeros en general y contra los militantes anarquistas, comunistas o socialistas, en particular. La Revolución Rusa hacía poco más de tres años que había triunfado y había una gran moral en la clase obrera mundial. La burguesía tenía pánico por el ‘terror rojo’ y la justicia obrera. Prueba de esto fue que días antes de la detención de Sacco y Vanzetti, fue encontrado el cadáver del militante anarquista Andrea Salsedo, destrozado e irreconocible, en la acera del edificio del Ministerio de Justicia, en Nueva York.

Como recordaba A. Felicani, amigo íntimo de Vanzetti , al ser detenidos sin poner ningún tipo de resistencia, las primeras preguntas policiales no fueron relativas al supuesto delito sino a sus filiaciones políticas: “¿son ustedes socialistas? ¿Son comunistas? ¿Son anarquistas?” demostraron el estado de ánimo de los burgueses y sus chacales protectores del capital.

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