Rituales de iniciación sexual: La Hiena

Las niñas son invisibles en la sociedad patriarcal. Están bajo una doble condena, la del género, por ser mujeres, y la de la edad, por no ser adultas. Ellas, que quizás sufren más las violaciones de derechos humanos, no están reconocidas por la legislación internacional como sujeto de protección especial ante la violencia de género, el matrimonio forzado o la mutilación genital..

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Por Virgina García

El derecho a elegir y aceptar libremente el matrimonio está recogido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer de 1979 estableció la edad mínima recomendada para el matrimonio en dieciocho años.

No seré yo quien dude de la buena voluntad de las naciones en su lucha contra la violencia y discriminación que sufrimos las mujeres y las niñas, pero la realidad es que, quince millones de niñas al año se casan antes de los dieciocho años, según los datos que aporta UNICEF , y que  al menos en  cuarenta países  el 30% de las mujeres casadas son menores de edad.

El matrimonio infantil es una de las principales violencias que sufren las niñas. Según la organización ONU mujeres , es la mayor causa de muerte de niñas ocasionadas por las agresiones sexuales y los partos a edades muy tempranas. Con el matrimonio infantil también se vulneran otros derechos básicos como el de la educación y el derecho a decidir sobre su futuro.

Tanto la ONU como las distintas organizaciones que trabajan para combatir el matrimonio infantil, explican que es una labor muy complicada ya que, en muchas ocasiones, es la extrema pobreza la que origina que las familias vendan a las niñas y las desigualdades y falta de educación son las que provocan que las tradiciones patriarcales sigan vivas

El matrimonio infantil es un problema mundial aunque los mayores índices se dan en las zonas rurales de África subsahariana y de Asia meridional. En Malawi el 50% de los matrimonios son con niñas menores de edad, sobre los quince años y en algunas comunidades remotas del sur se sigue torturando a mujeres y niñas en nombre de ancestrales tradiciones patriarcales especialmente crueles, que incluyen violaciones desde los doce años.

A las niñas se les enseña desde pequeñas que su rol en la sociedad es convertirse en una buena esposa y satisfacer todos los deseos de su marido. Cuando tienen su primer sangrado menstrual la familia y la comunidad deben encargarse de sexualizar a la niña, para que aprenda cuales son sus obligaciones como esposa. Para eso contratan a “La Hiena”, título que se le da al hombre encargado de proporcionar la llamada “Limpieza sexual” a las niñas durante tres días seguidos. Tres días durante los que deben mantener relaciones sexuales con La Hiena, ya que en caso de negarse, la fatalidad y la enfermedad abatirán a  su familia o incluso a toda la comunidad.

Tres días de violaciones a niñas que deberían estar en la escuela, tres días en los que aprenden cómo será el resto de su vida en un matrimonio forzado.

También las mujeres que han sufrido un aborto o enviudado deben someterse a estas violaciones falazmente llamadas limpiezas sexuales, por lo que podemos afirmar que estas mujeres sufren violencia sexual durante todas sus vidas. Violaciones consentidas y propiciadas por la comunidad.

En una entrevista para la BCB internacional en el año 2016, Eric Aniva una de las diez hienas de su comunidad, cuenta como su trabajo es tener sexo con niñas vírgenes de doce o trece años durante tres días. Afirma que ellas están encantadas de tener sexo con un hombre de cuarenta años. Sin embargo, las niñas entrevistadas, cuentan otra versión muy distinta. Cuentan su miedo y cómo se sienten obligadas a soportar esa tortura por el bien de la familia. Aniva no sabe decir a cuantas niñas ha dejado embarazadas o a cuantas ha contagiado con el VIH/SIDA, ya que estas violaciones se cometen sin preservativo y el saber que estaba enfermo no le ha disuadido de cometerlas.

Según la comisión de derechos humanos de Malawi, en algunos poblados del sur hay campamentos para enseñar a las niñas a ser buenas esposas, aprender las tareas del hogar y a satisfacer sexualmente a sus maridos son las asignaturas impartidas. Esta comisión denuncia que incluso hay niñas de siete años siendo sexualizadas en estos campamentos

Para un reportaje de investigación de la CNN , Harriet Chanza, funcionaria de la OMS,  asegura que muchas de estas niñas en privado confiesan que odiaron las lecciones sexualmente explícitas, y que sin embargo no tienen otra opción que soportarlas ya que son obligadas por sus familias. De lo contrario, serían marginadas por la comunidad.

Se les niega una educación real que les permita tener independencia económica en su vida adulta, la oportunidad de dejar atrás la pobreza o perseguir sus sueños y se les niega para ser educadas como esposas sumisas.

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Theresa Kachindamoto, una líder política de Malawi, afirma que estas prácticas tienen su origen en la cultura, pero también en la economía. Malawi es uno de los países más pobres del mundo, las mujeres no tienen dinero para mantener a las familias, así que entregan a su hija en matrimonio a cambio de una cabra o de dinero.

Theresa luchó para presionar al gobierno a que legislara para prohibir el matrimonio infantil y trabaja para informar a las familias de los peligros del matrimonio infantil, los rituales de la hiena y la necesidad de que las niñas tengan acceso a la educación. De acuerdo a los datos publicados por UNICEF, Malawi tiene una tasa de prevalencia del VIH/SIDA sumamente elevada, que afecta al 16.4% de los habitantes entre 15 y 49 años y es causa de un 70% de las muertes en los hospitales.

Theresa Kachindamoto afirma que en parte es responsabilidad de los rituales de iniciación sexual de la hiena, que se efectúan sin preservativo, un grave riesgo para la salud de las mujeres y niñas. Sigue luchando para que la edad legal para contraer matrimonio sean los 21 años, cuando las niñas hayan conseguido finalizar su formación.

Si el fin de las desigualdades económicas provocadas por el capitalismo no parece estar cerca, menos lo está la desigualdad por sexo:

  • No se crean campamentos para educar a los niños a ser buenos maridos, no se les fuerza a mantener relaciones sexuales con mujeres adultas para aprender desde la infancia como ser buenos amantes.
  • El matrimonio, el hogar, la crianza siguen siendo tareas femeninas para hacer la vida de los hombres más sencilla.
  • No son los niños a los que se les pone precio, ellos no se venden por una cabra. Su vida tiene valor. El valor de una niña es proporcional al rédito económico que puede proporcionar a las familias.
  • Casadas en la infancia y sin educación, se convierten en las deseadas esposas sumisas que soportarán una vida de malos tratos y agresiones sexuales en silencio.

Con el mismo silencio que mantenemos en Europa ante las violaciones de los Derechos Humanos de las niñas en el mundo. Tal vez, si alzásemos la voz contra las injusticias de vez en cuando, en lugar de buscar excusas que las justifiquen, sí podríamos ver el final del capitalismo y el patriarcado que destrozan millones de vidas a diario. Quizás la buena voluntad de las naciones sería más eficaz con la voz de los pueblos reclamando el fin de  la esclavitud de las mujeres y niñas en el mundo.

Imágenes: UNICEF

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