El feminismo en ‘Mujercitas’

La historia de ‘Mujercitas’, es en buena parte autobiográfica: el personaje de Jo en particular cuenta con muchos rasgos de la propia escritora, la cual consiguió la independencia económica gracias al éxito de sus obras, más de 300 títulos, algo que sería toda una revolución para la época: una mujer que no depende económicamente de un hombre. Además, en 1880 poco antes de la muerte de su autora, fue sometida a censura, los editores suprimieron capítulos enteros y se esforzaron por dulcificar términos entonces considerados vulgares, además de eliminar muchas de las abundantes reflexiones surtidas por la narradora…

May-Alcott

El 29 de noviembre de 1832 nació en Germantown, Pennsylvania, Louisa May Alcott, escritora y activista feminista famosa por ser la autora de Mujercitas, uno de los libros que marcó época durante la Guerra Civil en Estados Unidos.

May Alcott vivió una infancia de carencias que la obligaron a madurar y trabajar para aportar al sustento de su familia. Trabajó como maestra, costurera, enfermera, institutriz y en labores domésticas, actividades que le brindaron material para sus obras literarias. Además de destacarse en literatura, Louisa May fue una activista por los derechos de las mujeres, fue integrante del Club de Mujeres de Nueva Inglaterra, organización enfocada en mujeres con aspiraciones profesionales y políticas y apoyó activamente a la Asociación Americana de Mujeres Sufragistas creada por Lucy Stone, Harriet Beecher Stowe y otras feministas de Massachusetts.

Ella fue la primera mujer registrada para votar en Concord, Massachusetts, después de que en 1879 las mujeres ganaron su derecho al voto. El 29 de marzo de 1880, ella junto con otras 19 mujeres acudieron oficialmente a emitir su voto, después de lo cual Alcott expresó: “Ninguna cerradura cayó sobre nuestras audaces cabezas, ningún terremoto sacudió la ciudad”, informó en el portal dedicado a la historia de Massachusetts.

El mundo literario era un espacio reservado a los hombres, y parte de esos prejuicios siguen patentes hoy día, pues son muchos los que consideran la novela clásica poco seria. Sin embargo, Lou May Alcott escribió cuentos para adultos en los que había asesinatos, misterio, narcóticos y luchas de poder en las que, por supuesto aunque inusual para la época, la mujer siempre ganaba. La mayoría de ellos escritos bajo seudónimo. Su feminismo personal era mucho más notorio en las obras que no firmaba con su nombre, pues podía expresar con total libertad sus opiniones.

Con la introducción de las máquinas la mujer había dejado de ser productora, ya no era necesaria como mano de obra, así que había vuelto a la casa, a la inmovilidad. La mujer era consumidora pero también productora: llegados a este punto, se había convertido en dependiente del hombre. La autonomía de la mujer pasaba por la muerte del padre, la soltería o la viudez. La menor de edad y la casada eran mujeres que dependían del consentimiento del padre o marido. La desgracia de quedar huérfana o viuda te daba derechos sociales y legales que no tenías bajo el amparo del hombre. Alcott crece en este círculo macabro, en esta sociedad sinsentido.

mujercitas

La novela está inspirada en la vida familiar de la escritora. La historia de las hermanas Josephine (Jo), personaje basado en la misma Alcott, Margaret (Meg), Elizabeth (Beth) y Amy, recibió una gran acogida entre los jóvenes lectores de la época. Y es que no era difícil dejarse cautivar por la historia de un grupo de hermanas que añoran a su padre que lucha en la Guerra de Secesión, a la vez que aprenden a sobrevivir en un medio difícil, descubren el amor, se horrorizan ante la muerte y aprenden a ser ellas mismas. Sin embargo, Alcott tomó a la ligera su escrito (lo finalizó en tan solo diez semanas), así que en un principio no era consciente del impacto que tendría.

El tema que nos cuenta Mujercitas es un clásico: el tránsito de la adolescencia a la madurez, la ausencia paterna, la escasez de dinero. En la novela, todas y cada una de las hermanas, a pesar de ser unas señoritas complacientes y educadas, representan otro modelo de sociedad, pues con una figura paterna ausente a causa de la guerra, son ellas mismas las que deberán trabajar por ganar un sueldo para vivir, desempeñando diversos trabajos como maestras, niñeras, escritoras… serán ellas mismas las que corten la leña que les caliente, y lleven a cabo pesadas tareas sin la ayuda de ningún hombre.

Incluso el personaje de Marmee, la madre de las chicas, no sigue el guión esperado, pues es una mujer alejada de los convencionalismos, no les exige a sus hijas que vivan bajo las ridículas y estrictas normas morales imperantes de la época. Además fomenta la lectura, también promueve las obras de teatro que las hermanas escriben y dirigen ellas mismas.

Lo cierto es que la obra de Alcott fue revolucionaria en su época, ya que de alguna manera, trasgredía los modelos de mujer que predominaban en los manuales para las perfectas señoritas. Sin duda, el personaje más moderno es Jo, que quiere manejar su destino a su antojo, posee iniciativa y su sueño de ser escritora e independizarse resultaba muy atípico a finales del siglo XIX.

La maternidad y el matrimonio también son parte fundamental. A través del la evolución personal de las hermanas a lo largo de los años, Louisa May Alcott nos convierte en testigos de como todas menos una se adaptan más o menos y hacen lo que se espera de ellas. Jo no quiere ser madre, no quiere ser esposa, no es buena hermana en muchas ocasiones, y aunque se esfuerza por ser buena hija no siempre lo consigue, se masculiniza el nombre como Lou, se corta la melena, quiere ser artista e ir a la universidad como su vecino Laurie.

Para entender Mujercitas, hay que situarla en contexto social y temporal. Hay que comprender que una muchacha con el pelo corto y una madre que lo permitía era todo un escándalo. Algo debía de tener la novela para que Simone de Beauvoir confesara en ‘Memorias de una joven formal’ su admiración por Jo, con quien decía compartir “el rechazo a las tareas domésticas y el amor por los libros”.

Y es que Mujercitas es una revolución sutil, el primer paso de la mujer a la autodeterminación.

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Las adaptaciones de Mujercitas al cine han sido memorables, pues siempre han contado con la participación de grandes actrices iconos del cine clásico como Katherine Hepburn (en 1933), Elizabeth Taylor (en 1949), y Susan Sarandon, Winona Ryder y Kirsten Dunst (en 1994).

 

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