Cuando Franco radicalizaba moros contra el «infiel»

Dolores Ibárruri dijo que eran la «pezuña fascista» y Franco les prometió, si sobrevivían, un «bastón de oro». Sesenta años después de la victoria franquista, los soldados marroquíes reclamaron a España pagas dignas y que sus hijos pudieran entrar en los cupos de inmigrantes..

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Foto: Pascual Marín. Kutxa Fototeka

Mientras que sus seguidores lo consideraban un hombre de férreo catolicismo, enemigo de la masonería, el comunismo y el sionismo, entregado al servicio de la nación y ortodoxo en todas sus manifestaciones, la realidad es que Franco introducía símbolos esotéricos en el Valle de los Caídos y se rodeaba de una guardia mora con fines protectores relacionados con la tradición islámica.

La Baraka de Franco

Francisco Franco hizo una fulgurante carrera militar que podía haber acabado, en realidad, muy pronto. La guerra de Marruecos le dio la oportunidad. Algunos quisieron ver un genio estratega, mientras que otros le conceden solamente el valor táctico.  Sea como fuere esa osadía solo lleva al éxito si se cuenta con la suerte como así lo creyó el enemigo marroquí.

Ante los éxitos de Franco crearon un aura de leyenda: Franco tenía ‘baraka’, una especie de don milagroso que permite salvar la vida una y otra vez en el saber popular marroquí. La baraka entronca con los chiitas v el concepto sufí. La desprende un hombre santo, y solo por el hecho de estar en su presencia se produce la bendición. Es el vehículo por el que el maestro comunica la «gracia» a su discípulo. Esa baraka se la atribuyeron los rifeños. Se salvó de que le volasen la cabeza en la Guerra del Rift, cuando uno de los tiradores rifeños se desvió escasos milímetros al dispararle mientras cagaba.

Desde los tiempos en que Francisco Franco era un canijo cadete en la Academia Militar de Toledo, muy bajo para su edad, con un fusil a medida, vocecilla sin energía y víctima de las burlas de sus compañeros, hasta que su carrera militar experimentó el fulgurante avance en Marruecos que lo encumbró a la fama en toda Europa como general más joven del continente en aquel momento y desde Napoleón Bonaparte, la leyenda de que tenia baraka se justifica a través de numerosos episodios.

Él mismo, con el sentimiento de que los hilos del destino lo guiaban por el camino de los elegidos, siempre estuvo rodeado por un grupo de aquellos magrebíes que primero le habían hecho ver esa «verdad»: la guardia mora. ¿Fue este cuerpo militar una extensión de las tierras de Marruecos, una especie de talismán de protección y continuación de su baraka?.

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Mientras queden milicianos, los moros no pasarán

El 19 de abril de 1939, día del desfile triunfal. La guerra había terminado. Comenzaba la victoria. Sobre las calles de Madrid, la ciudad del ‘No pasarán’ («Los moros que trajo Franco, en Madrid quieren entrar. Mientras queden milicianos, los moros no pasarán, que decía la coplilla popular tres años antes»), marchaban las tropas tras el caudillo.

Y allí estaban ellos, los feroces guerreros de turbante y gritos a Alá,  «¡Que vivan los moros!», coreaban algunos jóvenes al paso de los batallones de Regulares traídos para la guerra desde el protectorado marroquí. Los Regulares captados en Xauen, Alhucemas, Tetuán, Nador, Ifni… fueron una figura casi mitológica durante el conflicto. Ayudaron a Franco en su cruzada contra el ateo infiel, murieron «como chinches» en los frentes donde la lucha fue más encarnizada. Con su ayuda cayeron plazas decisivas como Oviedo o la propia Madrid.

Franco sirvió desde Teniente hasta General en el entonces llamado Ejército del Norte de África, en La Legión y en las antiguas Tropas Indígenas de Regulares, formadas por personal marroquí, que cuando entraban en combate solían distinguirse por su acometividad e intrepidez cuando avanzaban, que les hacía muy temibles, aunque también se les conocía por sus sonadas huidas en desbandadas en cuanto encontraban tenaz resistencia. Franco solía decir que “el marroquí sólo desenvaina su gumia (machete), cuando el enemigo está de retirada”. Eran también muy leales y obedientes a sus mandos, de manera que Franco, que necesitaba su apoyo, les convenció para que lucharan a su lado desde el fuerte carisma que tenía sobre ellos y prometiéndoles en varias arengas: «Cuando florezcan los rosales de la victoria, nosotros os entregaremos las mejores flores». «Valientes soldados marroquíes, os prometo que cuando acabe la contienda a los mutilados les daré un bastón de oro».

La Guardia Mora entraba a sangre y fuego en las poblaciones, seguida de saqueo, destrucción, violaciones y matanzas de la población civil. Perfectamente conscientes del terror que los «moros» causaban, provocado por las matanzas en la Guerra del Rif, Franco utilizó las tropas marroquíes no sólo como carne de cañón, sino también como arma psicológica contra el pueblo español. Los actos de barbarie que para muchos permanecerían hasta hoy más indisolublemente asociados a la conducta de las tropas marroquíes en la Guerra Civil fueron los destripamientos, decapitaciones y mutilaciones, amputación de orejas, nariz, testículos… 

La Guardia Mora

La confianza de Franco tanto en esas tropas indígenas marroquíes fue el motivo de que desde el inicio de la Guerra Civil Española (1936-1939), las primeras fuerzas a las que recurrió para formar su escolta personal fueron al Benemérito Cuerpo de la Comandancia de Marruecos y a los soldados marroquíes de tropas indígenas.

Esta sección de tropas indígenas marroquíes estaba al mando del Caíd de Mehaznía Mohamed Ben Chairi. Las funciones de la Guardia Mora eran las de protección al entonces Jefe del Estado y Generalísimo de los Ejércitos, asistencia a los actos oficiales como Guardia de Honor, desfiles, celebraciones oficiales y acompañamiento de personalidades y políticos extranjeros, más en la presentación de Cartas credenciales de Embajadores. Tras finalizar la guerra, la Guardia Mora tenía su cuartel en Madrid, en el Palacio del ‘Conde Duque’, y realizaban la instrucción a caballo en la Casa de Campo, aunque prestaba sus servicios en el Palacio de El Pardo. La Guardia Mora fue dotada de guerreras azules y pantalones blancos para gala y de color garbanzo para diario.

En 1958 desaparecieron estas unidades moras. La Guerra de Ifni fue la causa, dado que el Escuadrón de Caballería mora fue varias veces apedreado por el pueblo cuando rendía honores en la presentación de cartas credenciales de nuevos Embajadores ante Franco; éste se resistía en principio a prescindir de tales tropas, pero aconsejado por varios Generales, accedió a su disolución como medida preventiva. La Guardia Mora era absolutamente fiel al mando, también mu celosas y posesiva de su destino y puesto. Para su disolución y traslado a Marruecos hubo que utilizar la siguiente estratagema: Se simuló una orden de ejercicios en el campo de tiro situado en los montes de El Pardo, a unos cinco kilómetros. Se les informó que el personal sería trasladado en camiones y los fusiles y munición en un camión aparte. Los guardias moros, no se separaban nunca de sus armas, pero su obediencia al mando era ciega si se les sabía ordenar y convencer, de manera que subieron a los camiones, que en vez de trasladarlos al campo de tiro, los llevaron a la estación del tren, de donde partieron hacia Algeciras y después embarcarían para Ceuta con destino a Marruecos.

Los miembros de la Guardia Mora fueron indemnizados tras su separación del servicio.  Pero en el año 2010 el ministro de Asuntos Exteriores marroquí, Taib Fasi Fihri, pidió al Gobierno español que garantizase pensiones para las familias de aquellos marroquíes que combatieron en la Guerra Civil por parte del franquismo. Para el ministro: «Las reparaciones debían negociarse ‘en el marco de un diálogo constructivo’ que consagre las relaciones entre ambos países y ‘concrete la voluntad de depurar definitivamente la herencia colonial’». Y Parece que al Gobierno no le costó mucho satisfacer estas premisas.

La Guardia Mora de Franco recibirá 7,2 millones de euros de los Presupuestos Generales del Estado de 2017. Este dinero viene a cubrir el gasto en pensiones para el personal marroquí que pasó a integrarse dentro de la guardia personal de Franco. La sección de Clases Pasivas de los Presupuestos destina esta cantidad millonaria para unos 18.000 veteranos y familiares que fueron partícipes del régimen franquista.

El Ministerio de interior reserva, además, 729.000 para reconocimientos de guerra a aquellos veteranos que participaron en los conflictos de Ifni-Sahara. La medalla de méritos de Guerra de Ifni-Sahara fue derogada en el Real Decreto 1040/2003, sin embargo, Interior continúa reservando compensaciones económicas para los militares que participaron en aquel conflicto impulsado por el régimen franquista.

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Foto: M.R.

El ‘Valle de los Caídos’ morisco

El lugar está tan desierto como se le supone a un cementerio bajo el sol del Ramadán. El único cementerio musulmán de la Comunidad de Madrid, en pleno centro del municipio de Griñón, a 27 km. de la capital, y donde descansan los restos de los marroquíes que lucharon por Franco en la Guerra Civil. Se puede caminar entre lápidas sencillas, todas con inscripción árabe y casi todas, menos las más recientes, sin losa ni nada más que tierra sobre los cuerpos.

Apilados en una fosa común, reclamados por nadie, sin más distinción que la que se aprecia en la imagen sobre estas líneas, yacen los cuerpos de parte de los moros de Franco muertos,  en las batallas de Brunete y de Ciudad Universitaria. El pelotón al que más lujos prometió el dictador durante la contienda.

Los restos de la Guardia Mora de Franco no sólo son estos huesos. También el recuerdo de su barbarie, protagonista según ambos bandos de los capítulos más oscuros de la funesta Guerra Civil. En la nebulosa de la propaganda de guerra, nacionales y republicanos coincidieron en pintar a los Regulares como a bárbaros.

Dolores Ibárruri dijo de ellos que eran «morisma salvaje, borracha de sensualidad, que se vierte en horrendas violaciones de nuestras muchachas en los pueblos que han sido hollados por la pezuña fascista». Queipo de Llano convenía a su estilo con La Pasionaria, convirtiendo el horror en cuestionable virtud: «Nuestros bravos Regulares han enseñado a los cobardes rojos lo que significa ser hombre. También a sus mujeres. Después de todo, a estas comunistas y anarquistas les ha hecho bien adoptar la doctrina del amor libre y ahora conocerán por lo menos a hombres verdaderos, y no a esos milicianos maricas».

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Referencias: La vida secreta de Franco // ElMundo // WebIslam // RecuperandoMemoria

 Público // ElIndependiente

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