Las mujeres republicanas en la propaganda de guerra

Durante la Segunda República, la mujer pudo acceder al espacio público que, hasta el momento, le estuvo prohibido. Sufragio, divorcio, acceso a estudios superiores, aborto…todo ello favoreció y alimentó el nacimiento del feminismo..

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Por Rocío González Naranjo

Cuando la guerra estalla -contradictoriamente- un viento de libertad soplará en la España republicana en guerra, pues numerosas mujeres, indiferentemente de su clase social, serán protagonistas del conflicto. En un primer momento, muchas integraron las milicias populares, creadas en la urgencia por diferentes partidos políticos o sindicatos para defender el gobierno legítimo de la República. Pero a partir del invierno de 1936, un decreto impuso la conversión de las milicias en un ejército oficial en el cual las mujeres no tenían cabida. Los carteles republicanos se muestran como un verdadero apoyo para la propaganda política que intentará convencer a la mujer que su lugar se encuentra en la retaguardia. Estos carteles resultan reveladores de la visión que se tenía de las mujeres durante la guerra. Me propongo en este artículo mostrar cómo la mujer pasa de heroína de guerra a prostituta portadora de enfermedades.

Durante los primeros meses de guerra, las mujeres fueron voluntarias en las milicias organizadas por los partidos políticos y los sindicatos. Fueron aceptadas debido a la urgencia que existía en la defensa republicana, pero no podemos decir que hubiera un sentimiento férreo de la izquierda en general sobre la equidad de sexos. Recordemos el caso de Buenaventura Durruti que, a pesar de ser uno de los grandes combatientes anarquistas, también pasó a la historia por ser un gran misógino. Estas mujeres combatientes fueron mitificadas por los sindicatos como un símbolo de la lucha republicana contra la rebelión de las tropas franquistas. Mujeres como Lina Odena, Casilda Méndez, Aída Lafuente, Rosario Sánchez Mora, Concha Lozano, o Maruja Tomicosont fueron y son consideradas como verdaderos mitos en la España republicana.

Lina Odena se convirtió en un ejemplo de valentía frente a sus enemigos, ya que, en el frente de Granada prefirió matarse antes que entregarse al enemigo. De este modo, en los primeros momentos, se utiliza la imagen de una mujer fuerte y valiente, con aspectos varoniles, para llamar la atención del espectador. Es el caso del célebre cartel de Cristóbal Arteche.

17035448_10155200812424668_330346230_nEste cartel data de 1936 y es uno de los más importantes de principios de la contienda. Como podemos comprobar, se muestra la imagen de una mujer segura, llevando el uniforme azul de las milicias, fusil en mano y dirigiendo su dedo hacia el espectador, un modo de implicar directamente a las mujeres y a los hombres que contemplan el cartel. La actitud de esta mujer nos hace pensar en el famoso cartel de Alfred Leete, almirante inglés de la Primera Guerra Mundial, el cual muestra el dedo al espectador diciéndole: «Your country needs you». También nos sugiere una Libertad guiando al pueblo, como lo hizo Delacroix, sólo que aquí se cambia la bandera tricolor por un fusil, un modo muy certero de mostrar la actitud activa que la mujer tenía en las milicias. Las banderas anarquistas acompañan a la Senyera, pues no olvidemos que el sindicato CNT fue el primero en aceptar a las mujeres, en la ciudad de Barcelona. Otros carteles, que no vamos a explicar aquí, se sirven de imágenes de mujeres fuertes para demostrar la igualdad de sexos que existe en el campo republicano y la importancia que tiene la mujer en éste. Esto es lo más destacable, es decir, se solicita a todos, no sólo a los hombres, integrar las milicias populares para defender el gobierno legítimo.

Pero la utilización de la mujer no es tan grata a lo largo de la contienda. Es cierto que hubo mujeres que simbolizaron la fuerza de la España republicana, tal es el caso de Agustina de Aragón, Mariana Pineda, Lina Odena y Aída Lafuente. Todos sabemos que las milicias populares permitieron una liberación para muchas mujeres españolas que, sin esperarlo, se encontraron en el frente, al lado de hombres, como iguales, en defensa de un objetivo común: salvar la República. Claro que muchas de estas mujeres se encontraron en esta situación para acompañar a un marido o a un hijo, pero también para apoyar a sus familias o para vengar la muerte de algún familiar. Sin embargo, las mujeres, de manera legal, sólo pudieron estar hasta mayo de 1937, cuando Juan Negrín llegó al poder y se formalizó un ejército republicano.

Este cambio producido con el gobierno de Negrín cambió completamente la percepción que se tenía de la mujer durante la contienda. De este modo, la lucha, considerada como una acción masculina, desplazó a la mujer hacia la retaguardia para que se convirtiera en el ángel protector de los soldados, o en trabajadoras remplazantes de sus maridos. Comenzaron así los carteles de propaganda para convencer a la mujer de que su lugar no se encontraba en el frente. Aunque la visión más grotesca es, sin duda alguna, la de la mujer portadora de enfermedades o las prostitutas. De este modo, se pasó de una mujer valiente, luchadora, activa, a una mujer que podía mermar las filas republicanas transmitiendo enfermedades venéreas. Esta imagen denigrante de la mujer se dio a partir del mes de octubre de 1936 con el objetivo de reenviar a las mujeres a la retaguardia. Largo Caballero organizó una serie de disposiciones para que la mujer saliera del frente y regresara a su “posición natural”, el hogar.

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Este cartel, del autor Blas, lo encargó la Jefatura de Sanidad del Ejército de Tierra, el nuevo ejército oficial creado por el partido comunista en 1937 en el que la mujer no pudo participar. En él, se denuncia a la mujer que transmite enfermedades venéreas. La primera vez que lo observé lo que me chocó fue la simplicidad de los trazos dibujados, pero sobre todo el mensaje. La mujer se representa de manera grotesca: muy maquillada – quizá para esconder lo que es realmente, es decir, la segunda imagen cronológica, un individuo en las puertas de la muerte. Es cierto que hubo mujeres que no tuvieron otra salida que la de la prostitución para poder sobrevivir a las penurias que una guerra puede engendrar, pero la generalización que de ellas se hizo es totalmente errónea. De este modo no hubiéramos tenido nunca figuras como Rosario la Dinamitera, a la que el propio Miguel Fernández dedicó un poema magnífico.

Este deseo de que las mujeres regresaran a la retaguardia nos hace pensar en el «mensaje eugenésico dirigido a las mujeres», del médico anarquista Félix Martí, publicado en la revista Consultorio psíquico-sexual. En este mensaje, el médico aconsejaba a las mujeres abandonar el frente para que los hombres pudieran guardar sus fuerzas para el combate. Según él, la práctica sexual debilita a los soldados. De este modo, los sindicatos y partidos que habían pedido a las mujeres tomar un fusil fueron los mismos que después impusieron su partida. En la película de Vicente Aranda, Libertarias, esta situación se describe con maestría, ya que las mujeres protagonistas pasan de ser bien recibidas en las milicias a ser consideradas casi como el enemigo.

No podemos negar que la República produjo unos avances enormes en los derechos por la igualdad de la mujer y por su emancipación, pero si analizamos, a través de preciosos testimonios como son los carteles de propaganda republicanos, comprobaremos el papel asignado a la mujer en la gran mayoría de los casos. De este modo, la mujer se representa como víctima, como trabajadora en la retaguardia (trabajos en los que no se suele usar la fuerza), enfermeras, cuidadoras, madres…es decir, todo lo que según las teorías biológicas del siglo XIX afirmaban como propósito de la mujer y que, desgraciadamente después, tras la derrota republicana, se impuso durante cuarenta años en España.

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