El destape de Nadiuska, musa y víctima del cine español

Parece que las libertades en España tras la muerte del dictador Franco se entendieron desde en el más profundo machismo que arrastraba la época, empujando a la mujer a un espectáculo que la liberaba y asemejaba a las europeas en topless, al mero objeto y útil sexual y se las desnudó en el cine para satisfacer las necesidades de muchos varones de la época que crecieron en la creencia de que masturbarse, al ser pecado, era castigado a la ceguera absoluta…

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Fueron años en que España quería quitarse corsés, en los que un símbolo de nuestro cine como la ex-niña prodigio Marisol se desnudó para la revista Interviú en un número que superó el millón de ejemplares. Los desnudos cotizaban al alza en revistas y el cine producía un buen número de películas de baja calidad y escaso presupuesto con actrices de las que la mayoría eran unas verdaderas desconocidas y a las que el tiempo sepultó.

Fue llamado ‘El destape’, ese era el nuevo cine español, el cine sin censura, el llamado ‘cine S’, compuesto por filmes meramente comerciales en los que cualquier excusa era buena para que la protagonista mostrara su anatomía.  Aquellas actrices que se prestaron al juego fueron ‘iconos de libertad’ pero fueron también estigmatizadas en medio del machismo dominante y la ‘doble moral’, y todavía hoy son tratadas con poco respeto cuando acuden a programas del corazón. En resumidas cuentas, una vez mostradas ‘las vergüenzas’ en varios films, y como todo en la vida acaba cansando y pasando, también el destape llegó a su fin. Muchas buenas musas y otras mediocres actrices consiguieron matrimonios con empresarios de prestigio, otras intentaron hacerse hueco en algún teatro o y muchas otras acabaron mendigando. 

Del estrellato al estrellazo

El fenómeno del destape resultó el vehículo perfecto para Nadiuska, que ya venía de haber asentado su nombre en el séptimo arte y que incluso se había atrevido a rodar segundas versiones para el extranjero, donde lucía su figura desnuda para deleite de todo aquel que no viviese en España.

Nadiuska, musa del destape, ha cumplido en estos días 64 años. La que fuera sex symbol por excelencia de la Transición pasa sus días en un centro psiquiátrico de Ciempozuelos. Una escalada vertiginosa y un descenso trepidante de la mujer que un día enamoró a los españoles, batió records de taquilla y compartió cartel con Schwarzenegger.

Al igual que María García se convirtió en Bárbara Rey y Purificación en Norma Duval, Roswicha Bertasha Honzca pasó a llamarse Nadiuska, al poco tiempo de pisar nuestro país en 1971 y con tan sólo 19 años. Nacida en la Alemania Occidental y de ascendencia ruso-polaca, pronto se abre camino en el mundo del cine gracias a sus exóticos rasgos, propios de una belleza que no abundaba en la España de entonces. Damián Rabal, hermano del mítico actor Paco Rabal y el mánager más poderoso de aquel momento, decide reclutar a Nadiuska entre sus filas de exclusivos representados.

La artista comienza a mostrar su lado más sensual ejerciendo de partenaire de Alfredo Landa, José Sacristán o José Luis López Vázquez en películas de corte pícaro-cómico como Lo verde empieza en los Pirineos; Manolo, la nuit o Zorrita Martínez. Títulos que no dan pie al equívoco y en los que Nadiuska representa siempre la tentación prohibida, es decir; una sueca, una criada o una cabaretera.

En enero de 1976 se pudieron ver los primeros pechos plasmados en papel, dentro de la revista política Guadiana, en blanco y negro y esquivando la censura. ¿El mérito?, pues de Nadiuska, que para eso venía de fuera aportando modernidad y nuevos aires de libertad. Pitita Ridruejo la invitaba a sus fiestas y Paco Umbral la convertía en su musa, citándola en sus columnas día sí y otro también. La actriz precisaba de chófer, secretaria, entrenador personal y un lujoso piso en la calle Serrano. Su caché era el más elevado del momento, tan sólo igualado por los de Concha Velasco y Ana Belén, sobrepasando el millón de pesetas. A eso hay que añadirle que en tan sólo tres años había estrenado una veintena de films, cifra hoy impensable para cualquier actriz.

Atrás quedaban los tiempos del bikini y ella se erigía como sex symbol absoluta a través de diversas publicaciones eróticas. Nadiuska derramando un vaso de leche sobre sus pechos, Nadiuska desnuda en el Corte Inglés y rodeada de maniquís, Nadiuska emulando a Sophia Loren sin ropa interior, Nadiuska en topless en pleno Hollywood Boulevard… Siempre Nadiuska, acaparando decenas de portadas y reportajes.

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A mediados de los setenta la artista rompe su relación con su representante Damián Rabal, con el que además mantenía un idilio sabido por muchos pero callado por todos, debido quizás a que él era un hombre respetado…y sobre todo casado. El escándalo se intensificaría al descubrirse que también Nadiuska había pasado por la vicaría años atrás. Se trataba de un matrimonio de conveniencia, organizado por su mánager, para obtener la nacionalidad española, documento sin el cual no hubiese podido continuar trabajando. El marido Fernando Montalbán Sánchez era un enfermo mental que recibió en secreto una ínfima cantidad de dinero, un anillo de oro y un único beso de saludo y despedida por parte de su esposa, a la que nunca volvería a ver, mientras era deseada por todos los españoles. Aquella pantomima por la supervivencia sería anulada por el Tribunal de la Rota en 1981.

La actriz se hacía fuerte ante la adversidad y se permitía incluso rechazar el musical de Las leandras, que acabaría en manos de María José Cantudo y se convertiría en su éxito más notable. Pero no importaba, Mientras tanto Nadiuska recibía el premio a la intérprete más taquillera, a la vez que la catalogaban como una nueva Brigitte Bardot.

Aunque su nivel de trabajo había descendido, su popularidad seguía intacta, lo que la llevó a compartir elenco con míticos actores como Tony Curtis e Yvonne de Carlo. Pero su momento álgido, en cuanto a producciones internacionales se refiere, llegaría en 1982 al encarnar a la madre de Conan, el bárbaro, teniendo por hijo a un desconocido Jorge Sanz y sufriendo una decapitación impactante. Compartir créditos con Arnold Schwarzenegger no es cualquier cosa.

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Consciente de que la industria del cine estaba cambiando, decidió invertir sus ahorros y emprender labores de empresaria con negocios tan dispares como un restaurante, una distribuidora de vídeo, la exportación de carne congelada e incluso el diseño de bisutería. Todos ellos fracasaron paulatinamente a lo largo de los años ochenta. Artísticamente tal década tampoco le reportó grandes triunfos, más allá de participar en una película junto a Martes y Trece, ejercer de vedette ocasional y posar desnuda para la emblemática revista Playboy.

Su participación en 1986 en la serie de televisión Tristeza de amor, le devolvió una popularidad que parecía tambalearse. Ella, para ponerse más en jaque, lanzó unas acusaciones a la actriz protagonista Concha Cuetos, asegurando que encabezaba el reparto por ser la mujer del director. Ésta, a su vez, no tardó en responder con lo que sería toda una sentencia y premonición: “Espero por su bien que Nadiuska conserve su belleza mucho tiempo”.

con-nadiuska-en-misa-de-doce_detalle_articuloAnte un panorama desolador, se refugió en su reciente conversión al catolicismo. Ser un mito sexual comenzaba a pesarle como una losa, harta de verse deshumanizada y encasillada, mientras la prensa del corazón intentaba obtener una foto de ella comulgando.

Tan drásticas declaraciones acompañaban a un reportaje de Interviú en el que volvía a posar desnuda en 1997, quizás con resignación pero luciendo esplendorosa a sus 45 años de edad. Pocos meses antes, y tras más de una década alejada del cine, retorna a la gran pantalla con Brácula Condemor II, destinada a satisfacer a los innumerables fans de Chiquito de la Calzada. Lo que parecía una resurrección en toda regla, no era más que la antesala de un infierno que estaba por venir.

Nadiuska se agarraba a un salvavidas y acudía en tono nostálgico a exitosos programas como Tómbola o Crónicas marcianas, sin que nada hiciese presagiar que algunas semanas después sería desahuciada de un pequeño apartamento. El drama estaba servido y tanto la prensa como el público se conmocionaron al ver como la mujer que un día inundó las carteleras, hoy aseveraba con la mirada perdida: “Me alimento de los cubos de basura y ya me he intoxicado dos veces”. La bella actriz no tuvo problema alguno en hablar para distintos medios de comunicación, desde un hostal en el que la hospedaban por caridad, relatando una confusa historia en la que se entremezclaban extorsiones y altos cargos.

Y su rastro se perdió de nuevo.  Nadie volvió a reclamarla. Su nombre, su figura, fue borrándose de la memoria de productores, amigos, admiradores… Se supo que malvivía en una pensión de la calle de los Artistas, en el barrio madrileño de Cuatro Caminos. Vagaba por las calles pintando en el suelo cruces negras. La ingresaron en el hospital psiquiátrico Alonso Vega donde le sería diagnosticada esquizofrenia.  Una vez cumplió su tratamiento con mejorías, en 2002 le dieron el alta. Sin poder recuperarse económicamente, comenzó a vagabundear por diversas zonas de Madrid.  En ocasiones dormía a la puerta del cine Lope de Vega, dónde antaño estrenaban sus películas. En el programa de TVE presentado por Concha Velasco “Tiempo al tiempo”, relataron su triste historia sin lograr ayudarla demasiado.

Le ofrecieron dinero y vivienda gratuita durante un año a cambio de un par de entrevistas, y Roswicha, que ya no era Nadiuska, se negó, alegando que si algo necesitaba ya se lo mandaba Dios. Actualmente se encuentra interna en el psiquiátrico de Ciempozuelos, donde está bien atendida.

La historia de Nadiuska no tiene recovecos de drogas y alcohol. Es tan sólo un cúmulo de desgracias en el que se mezclan la ausencia familiar, el vacío laboral y una soledad que se ve acrecentada ante un veto como represalia por parte de su antiguo representante. Su increíble belleza se tornó por fin en su enemiga, condenada a la esclavitud de un personaje que le dio la fama, pero le acabó quitando el futuro.

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Nadiuska, aquel mito erótico de los años de la Transición, acabaría siendo uno de esos “juguetes rotos”, como los llamó el recordado Manuel Summers en una de sus películas documentales.

Fuentes: VanityFairLibertadDigitalMagazine

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