Sanfermines: violencia en estado puro

Fiestas cuyo único objetivo es la exaltación de la masculinidad patriarcal, donde las agresiones sexuales están a la orden del día y la explotación de los toros es un mero recurso para atraer dinero y generar caja. Como todo, las fiestas van cambiando al compás de los tiempos, aunque en ocasiones no sea para mejor…

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Los sanfermines están en crisis, están en decadencia, masificados, mercantilizados, desnaturalizados, politizados, son paganos, sexistas, gamberros, sucios, una farsa para turistas y pálido reflejo de las entrañables fiestas de otros tiempos.

Lo que resulta confuso es cuándo, exactamente, comenzó la decadencia, cuándo tocó a su fin la edad dorada de las fiestas. Tuvo que ser antes de 2002, cuando José Javier Testaut escribía en Diario de Navarra que “el balance de las fiestas pamplonesas, por lo que a limpieza y comportamiento humano se refiere, cada año es más deprimente”.

Pero en 1993 Alfredo Bryce Echenique en Permiso para vivir ya decía: “Pamplona y sus sanfermines son un desastre turístico del que muchos pamplonicos huyen horas antes de que, al mediodía del 6 de julio, se dispare el cohete de las vísperas, el famoso chupinazo con que estalla la juerga más juerga del mundo. Y es que en los Sanfermines puede estar cualquiera, ya que basta con saber empinar el codo, cantar a gritos y saltar y empujar también a gritos”.

El Diario de Navarra informa en abril de 1991 de una mesa redonda sobre el encierro en la que se hablaba de la “masificación debida a la llamada que se ha hecho desde los distintos entes públicos para acudir a las fiestas. Se ha logrado dar a los Sanfermines una imagen de cachondeo por todo el mundo que no responde a su espíritu original. Además, la capacidad de la ciudad para absorber gente extraña es limitada”. Pero la cosa venía de antes.

Serafín Argaiz en ‘Clamores y cartas pamplonesas’ escribe: “He aquí que este año de 1978 las cosas han llegado ya a los límites más tremebundos y las fiestas populares, íntimas, discretas y razonables que heredamos de nuestros padres y que las vivimos en nuestra juventud se han estrellado, se han ennegrecido de triste paganismo, de un perfil báquico que haría enmudecer a los más libertinos romanos de la época de la decadencia”.

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José Mª Baroga en ‘Eternos Sanfermines’ de 1978, admite que hay que pagar un tributo: “No vamos a discutir que las Fiestas de San Fermín se hayan desorbitado y presenten hoy un aspecto dantesco a veces. La formidable avalancha de forasteros con tendencia además a patear los mismos adoquines de la parte vieja, las convierte en un hormiguero atosigante en el que es difícil, y en ocasiones molesto, desenvolverse”.

Vicente Galbete, en el programa de fiestas de 1968, responsabilizaba a Hemingway del cambio: “Y en parte por su literaria propaganda fueron cambiando las fiestas de Pamplona, a las que él sacó chispas..”

Transgresión y violencia

Sanfermines, donde el privilegio masculino se apodera de todas las vidas. Donde las agresiones sexuales están a la orden del día, donde el sistema de ordenación y jerarquización ideado por ellos los coloca en la cúspide de una pirámide de asesinatos, violaciones y sumisiones. Sanfermines, patriarcado en estado puro.

Nada queda de la transgresión propia de la fiesta como espacio popular de ocupación de la calle, de asalto al poder, de desafío, de insurrección, de rebeldía. Nada. Todo lo contrario, sin identificarlo, se colabora activamente con el poder y el control a través de múltiples actos cotidianos sometidos a un nuevo contrapoder festivo: consumo desaforado de alcohol y drogas, agresiones, chulerías varias, borreguismo cutre, violencias gratuitas, machismos y micromachismos, patanismo, purismo absurdo, descontroles personales y sociales, sexismos encubiertos y alardes de pamplonidad desaforada.

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Tratamiento mediático

Es una imagen típica cada año en los sanfermines: una muchacha muestra sus pechos -acaso empapados en vino- durante el chupinazo, o en cualquier otra concentración de gente, mientras numerosos brazos se acercan para manosearla. La mayoría de los medios de comunicación incluyen estas fotos en sus galerías sobre la celebración en Pamplona, por lo que el contexto facilita considerarlas como algo divertido, simpático, alegre. Los tocamientos pasan así a ser tratados por los medios como algo tan festivo como las borracheras o los encierros.

El tratamiento mediático que se da a estos temas influye, y mucho, en la percepción que tiene el resto de la sociedad sobre ellos. Si las fotos de los tocamientos -que pueden ser consentidos, o no- se consideran algo festivo, los jóvenes aprenderán que están legitimados a hacerlo. Que una mujer muestre sus pechos no significa “barra libre” para que todo el mundo que esté alrededor tenga derecho a tocárselos. En las imágenes de estas fiestas, además, las implicaciones son más graves: algunas jóvenes están claramente bajo los efectos del alcohol, mientras que a otras directamente les arrancan la ropa. ¿Es que con una mujer borracha vale todo?

Aceptar esas imágenes como una alegre bacanal legitima la dominación masculina y el acoso sexista. Decenas de individuos han tenido durante el chupinazo un comportamiento inaceptable de actitudes machistas y sexistas. Algunos blogs, incluso, han hecho notar la similitud de este tipo de comportamientos con las agresiones denunciadas en la plaza Tahrir de El Cairo.

12784822409893c3-300x222Habrá quien se lleve las manos a la cabeza con la comparación, pero lo que subyace en uno y otro escenario es en realidad lo mismo: ese “van provocando” con el que se justifican las agresiones y, en último término, las violaciones. No hay más que retrotraerse a una noticia sobre los sanfermines ocurrida en 2010, cuando una reportera de TVE trataba de informar desde Pamplona y recibió un beso sin su permiso por parte de un participante en las fiestas. El presentador del espacio respondió: “Maribel, no provoques a ese chico, por favor”. “Ninguna circunstancia las justifica”, aseveró la secretaria de Igualdad del PSOE, Purificación Causapié, que calificó estas actitudes de “denigrantes para las mujeres”.

Este año ya han sido detenidos cinco hombres por violar a una mujer de 19 años. A pesar de los dispositivos de seguridad, a pesar de todos los pesares, algunos hombres siguen ejerciendo su privilegio de hacer con las mujeres lo que quieren cuando quieren. Y si se trata de un ambiente festivo, con atenuantes. La jugada perfecta.

Chupinazo San Fermin 2011.
Chupinazo San Fermin 2011.

Fiestas cuyo único objetivo es la exaltación de la masculinidad patriarcal, donde las agresiones sexuales están a la orden del día y la explotación de los toros es un mero recurso para atraer dinero y generar caja. La objetivación de las mujeres como meros objetos de deseo a los que manosear, babosear, desnudar, violar (si está borracha, no se entera). La objetivación de los toros como meros objetos de diversión a los que torturar, menospreciar, despojar de toda dignidad, aterrorizar y asesinar. En ambos casos, medios para la diversión masculina, medios para ellos. En ambos casos, sometidos a la jerarquía patriarcal y desprovistos de la capacidad de decidir, de elegir. En ambos casos, víctimas de la violencia inherente a la masculinidad construida por el patriarcado.

Fuentes: Diario de Navarra –PikaramagazineBlog de Paco Roda

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