Las vicisitudes de las hermanas Koplowitz

Esther Koplowitz lleva tres semanas recluida en su domicilio madrileño de Paseo de la Habana. Con una deuda personal cercana a los 840 millones de euros y los dividendos cancelados desde 2012, afronta un giro de 180 grados en FCC, en la que el mexicano Carlos Slim se ha hecho con la mayoría de las acciones…

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Hasta 2005, se había negado a endeudarse. “Fueron los años de la burbuja inmobiliaria, en los que el discurso era: ‘Si usted no contrae deuda, es un mal gestor’. Y ella cedió”, explica Felipe Bernabé, secretario general de la compañía y amigo de Esther.

La situación de su hermana pequeña Alicia es bien distinta. Desde su cuartel general de Omega Capital, una de las gestoras de SICAV más rentables de España, controla un patrimonio estimado en 2.300 millones de euros, según Forbes. Su hijo mayor Alberto Cortina es su “mano derecha y depositario”, según nos explica su consejero Óscar Fanjul, que la informa a diario de la marcha de sus inversiones.

La historia de estas dos mujeres pudo ser diferente si Esther hubiese aceptado la propuesta de su hermana. Un día de la primavera de 1998, Alicia se presentó en su despacho de Paseo de la Habana. Se sentó frente a ella y mantuvieron una conversación trascendente que no se ha conocido hasta ahora. Según algunos de los presentes en los consejos de administración de aquella época, Alicia era partidaria de reestructurar parte de la plantilla para multiplicar el negocio; Esther, en cambio, era más conservadora y quería mantener las cosas como estaban. Alicia planteó tres opciones: comprar las acciones a su hermana, venderle las suyas, o bien permitir la entrada de un tercero que pusiera fin a sus diferencias. “Esther prefirió comprar. Era el negocio de su padre. Alicia le dio unos plazos muy cortos”, explica Gustavo Villapalos, exconsejero de FCC y exrector de la Universidad Complutense de Madrid. Aquella operación financiera supuso que Esther le pagara 871 millones de euros a su hermana por sus acciones. “Alicia no vendió por hacer dinero. No hubo arrepentimiento por su parte, pero sintió nostalgia por desentenderse de la empresa que había creado su padre. Tenía sentimientos encontrados”, describe Fanjul.

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Esther Koplowitz

En 1969, Esther se casó con Alberto Alcocer; Alicia, dos años menor, con Alberto Cortina. Los Albertos tomaron las riendas de la empresa familiar. Veinte años después, el país entero fue testigo de cómo Alberto Cortina le era infiel a Alicia con una joven Marta Chávarri. La conmoción que produjo su divorcio auguraba un desastre económico. “¡Jamás pensamos que un lío de faldas pudiera desatar esa tormenta financiera!”, destaca uno de los banqueros de éxito de aquellos años.

Esther también se divorció. “Confió tanto en su marido que le dio el control de todo. Se centró en criar a sus hijos. Y de pronto, Alberto se portó muy mal. Fue horroroso. Sin ninguna experiencia se puso al frente de la empresa junto a su hermana”, recalca su amigo Ignacio Elorrieta. “Esther no tiene ningún trato con Alcocer. Ella sabe quién es este señor que le ha hecho todo el daño que ha podido. Sigue siendo el padre de sus hijas, pero en esa batalla el cariño de las niñas está con su madre”, relata. En aquellos años, pasaron de ser amas de casa a dirigir una de las constructoras más importantes de España. Se sintieron acosadas por la prensa, se blindaron y poco más se supo de sus vidas privadas.

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Alicia Koplowitz

Carlos Fitz-James Stuart, el hijo de la desaparecida duquesa de Alba, habla por primera vez de su noviazgo con Alicia Koplowitz: “Mantuvimos una relación sentimental de varios años, aunque intermitente. En serio estuvimos unos tres años, con sus altibajos. Ella se separó en el 89 y empezamos a vernos dos o tres años más tarde. Hubo momentos maravillosos, pero nunca nos gustó que se hablara de nuestra vida privada. Eso de que nos íbamos a casar no era cierto”. Desde hace dos años, Alicia sale con el inversor portugués Miguel Pais do Amaral. Esther, por su parte, contrajo segundas nupcias en 2003 con Fernando Falcó, marqués de Cubas, en su finca La Gata. Se divorciaron seis años después, aunque conservan una gran amistad y un trato casi diario: él aún vive en su casa.

Hablamos también con su familia. Inés Balmaseda, esposa de Alberto y nuera de Alicia, nos explica cómo son madre e hijo: “Alberto está muy unido a ella. Tienen una relación muy, muy especial. Han vivido juntos momentos muy duros, los dos se parecen mucho, son muy sensibles y eso les ha unido de una forma increíble”. Las hermanas Koplowitz hablan a diario, se cuentan sus preocupaciones y se refieren la una a la otra como “sus verdaderas raíces”. Esther incluso ha llegado a decir a sus amigos que quiere a Alicia tanto como a sus hijas. Su hermana pequeña es ahora un gran apoyo para el momento tan complicado que atraviesa Esther. Pocos imaginan que aquellas herederas de un imperio empresarial han vivido marcadas por la temprana muerte de sus padres, la infidelidad y el acoso mediático. Tanto, que en alguna ocasión Alicia ha confesado en la más estricta intimidad: “Si pudiera, reescribiría mi vida”.

Alberto Pinteño – Marta Suárez

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