Nelson Mandela, un símbolo mundial de la defensa de los derechos humanos

Hablar de Nelson Mandela es hablar de una larga vida dedicada a luchar contra la segregación racial y a defender la igualdad de todos los seres humanos. Una lucha en la que no cesó a pesar de ser perseguido, tener que pasar a la clandestinidad y finalmente ser encerrado durante 27 años. Su sacrificio, que le ha hecho merecedor de la admiración internacional, desembocó en el fin del apartheid y su Sudáfrica natal inició el camino hacia una sociedad más democrática. Al mismo tiempo se convertía en un referente mundial de los derechos humanos..

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Por Araceli Guede

“En su evolución se ve cómo en los inicios del movimiento contra el apartheid rechazaba trabajar conjuntamente con otros colectivos que también eran discriminados”, apunta Carlota García Encina, investigadora del Real Instituto Elcano. Su lucha se centraba en los derechos de los negros. “Pero se fue convenciendo de lo contrario y logró la unidad de todos”, continúa. De esta forma, cuando salió de la cárcel y pudo participar activamente en la política consiguió unir a una oposición que se presentaba muy fragmentada.

En aquellos primeros años anteriores a su ingreso en prisión también promovió un grupo armado que cometió acciones violentas, amparado por el Congreso Nacional Africano, pero su trayectoria evolucionó de esa lucha armada incipiente a “una visión pacifista a ultranza y a un deseo de reconciliación”, apunta Jaume Saura, profesor de Derecho Internacional de la Universidad de Barcelona. Igual que cambió él lo hizo la percepción que el mundo tenía del apartheid que sufría Sudáfrica. “Hasta la Segunda Guerra Mundial era un problema doméstico pero después se convirtió en una causa global, atrayendo la atención de otros países”, relata García Encina. Esto fue posible por diversas “conjunciones históricas”, entre ellas, el aumento del poder de los afroamericanos, con figuras como Martin Luther King o Malcolm X, o el cariz de la Guerra Fría. Eso magnificó la empatía por la causa de Mandela, hasta tal punto que en los años 70 la situación estalló y las campañas que exigían su puesta en libertad se intensificaron. “La lucha contra el racismo era una causa global en esos años. Sudáfrica estaba sancionada, aislada internacionalmente, y él era el abanderado”, recuerda esta investigadora.

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Nadie puede discutir su coherencia

El compromiso con los más débiles y la coherencia han marcado su vida. “Nadie puede discutir su coherencia”, insiste el profesor Saura. “Eso hace que no solo sea un líder contra el apartheid en Sudáfrica sino que se convierta en un referente antirracista en todo el planeta”, coincide. En su opinión, el valor añadido de Mandela respecto a otros adalides de las libertades es su paso por el Gobierno: “No solo trabajó en la línea de un activismo opositor sino que pasó al otro lado de la política y actuó sin revanchas y con una pulcritud impecable. No se le conoce ningún caso de corrupción ni favoritismo. Estuvo por encima de partidismos, de colores de piel. Fue el padre de todos los sudafricanos, independientemente de su ideología o de su raza. Y se convirtió en referente de los ciudadanos”. Entrar a gobernar con prestigio es relativamente fácil pero salir con él “indemne” es muy  difícil. Y él lo consiguió.

Mandela forma parte de un importante elenco de figuras que a lo largo del siglo XX hicieron todo lo posible para abolir la segregación racial. Se convirtieron en emblemas, algunas de ellas a costa de su propia vida.

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