Waldorf, la marca de cigarrillos que arrasa como método educativo alternativo

A principios del siglo XX, los hijos de los obreros de la fábrica de cigarros Waldorf-Astoria de Stuttgart (Alemania) fueron los primeros en formarse a través de esta metodología. Los trabajadores le pidieron a un profesor de la Universidad Popular de Berlín, que impartía conferencias, que hiciera una escuela para sus hijos. Rudolf Steiner (Imperio austríaco 1861-1925), se puso manos a la obra e impulsó, sin saberlo, un modelo pedagógico que en la actualidad está presente en más de 90 países.

En España, su incursión fue tardía y no fue hasta los años setenta del siglo pasado cuando un grupo de padres y profesores decidieron poner en marcha en Madrid el primer Jardín de Infancia: la Escuela Libre Micael, que abrió sus puertas en 1979 en Las Rozas…

Rudolf Steiner en 1905
Rudolf Steiner en 1905

Enseñar a pensar

“Hijo, estudia mucho para sacar buenas notas”. “¡Ya tendrás tiempo de jugar, ahora a estudiar!”. Estas consignas carecen de sentido en la metodología Waldorf. Su razonamiento parte del cambio de la realidad laboral y social donde encontrar “un trabajo para toda la vida” ya no es habitual. Para el experto mundial en educación Ken Robinson, “los centros de enseñanza secundaria actuales siguen teniendo muchos paralelismos con las cadenas de montaje impulsadas por Taylor Ford“.

Esta enseñanza apuesta por formar en mundología, teniendo en cuenta el desarrollo del ser humano respetando su proceso madurativo. Asimismo, la formación continua del profesorado y un alto nivel de implicación de los progenitores son esenciales. Las claves de este modelo se resumen en los siguientes puntos:

  • Educación humanista con mirada global.
  • El programa hace hincapié en la educación científica, artística y religiosa (en sentido espiritual, no confesional).
  • Apuesta por la creatividad a través del juego.
  • Autoconocimiento y desarrollo de las habilidades sociales.
  • Felicidad, amor y bien común como objetivos.
  • Desarrollo del talento a través de un seguimiento continuo por parte del profesorado.

Estas pautas conforman la base de dicha enseñanza, que a su vez sigue el currículo educativo marcado por el organismo competente en cada nivel, ya que se trata de una enseñanza homologada. “Hay que enseñar a pensar”, asegura Antonio Malagón, presidente de la Asociación de Centros Educativos Warldorf en España. “No hacemos exámenes para pillar y descubrir lo que no saben nuestros alumnos, sino que hay una evaluación continua de verdad. No les exigimos memorizar, sino recordar”. El profesorado llega a conocer de forma muy estrecha a los niños ya que son responsables del mismo grupo durante ciclos completos. De esta forma, el seguimiento de sus avances es más próximo.

Apuestan por la jornada intensiva, aunque ofrecen la opción del comedor en el que si así lo desean los padres, pueden llevar la comida de casa y calentarla allí mismo. También destaca la inexistencia de libros de texto. “Los alumnos elaboran e ilustran sus propios cuadernos-libros de cada asignatura, entrenándose en la búsqueda de información y elaborando con el profesor los contenidos de la asignatura. Por tanto, no utilizan libros de texto editados, solamente libros de consulta”, explica Malagón.

“Empiezan a leer cuando tienen uso de razón” y para el sistema Waldorf ese momento está entre los 6-7 años, frente a los 5 de la metodología habitual. Por otro lado, refuerzan la voluntad y el nivel de compromiso de los chavales con proyectos creativos y de convivencia tales como una investigación anual sobre un oficio para chicos de 2º ESO, o trabajo social en un centro de personas mayores en el caso de alumnos de 1º de Bachillerato.

Formación del profesorado

Desde la Asociación de Centros Educativos Waldorf en España reivindican la verdadera implicación de los maestros en el proceso educativo debido a una constante actualización de sus conocimientos. El profesorado debe estar adecuadamente formado tal y como se exige al resto de docentes, pero además cursan un postgrado que les acredita como expertos en esta enseñanza. En la actualidad hay cerca de 2.000 maestros especializados en Waldorf en nuestro país.

Toda enseñanza alternativa no está exenta de críticas. Ante el escepticismo, Andreas Schleicher, experto en enseñanza de la OCDE, realizó una investigación en 2012 con más de 800 alumnos en Alemania. Las conclusiones de su informe fueron las siguientes: los alumnos Waldorf aprenden con más entusiasmo que los de las escuelas tradicionales, se aburren menos y les resulta divertido; la identificación con la escuela es mucho mayor y describen el clima como agradable; sufren significativamente menos molestias como dolores de cabeza, de estómago o trastornos del sueño; entre las calificaciones finales de los estudiantes Waldorf y las de los alumnos de las escuelas ordinarias no hay diferencias estadísticamente significativas.

“Hoy en día se pueden aprobar la mayoría de los exámenes tan sólo con ayuda de un smartphone“, asegura Schleicher, “si quiere que su hijo sea más inteligente que un smartphone, entonces tiene que enseñarle otras habilidades”.

Fenómeno imparable

Actualmente existen más de 2.000 escuelas de Educación Primaria, Secundaria y Bachillerato Waldorf y más de 1.900 escuelas de Educación Infantil en todo el mundo. Desde Brasil, Perú o Colombia hasta Estados Unidos, Canadá, Australia y en centro Europa.

Waldorf School of the Península, en California, es una de las escuelas que eligen los empleados de empresas tan punteras como Google, Apple y otras afincadas en Silicon Valley.

En España, a pesar de su incursión tardía, la cifra asciende a 25 centros con un total de 2.500 alumnos. Se trata de centros privados y concertados que se constituyen habitualmente como cooperativas de padres y profesores. “La cuota de escolaridad está por debajo de la mayoría de los colegios privados y ronda los 300 euros”, asegura el presidente de la Asociación de Centros Educativos Waldorf de España.

Muchas caras conocidas se han apuntado a este método. Incluso Javier Bardem y Penélope Cruz se han unido a esta tendencia para la formación de sus hijos. Se trata de una decisión exclusiva y personal de los padres que apuestan por esta técnica. Para Florencia Infer, madre de dos niños que aprenden en un centro Waldorf, las ventajas son evidentes: “Desde el primer día de su escolaridad, sus capacidades creativas se han visto potenciadas. Además, mis hijos son capaces de jugar por sí mismos, sin necesidad de grandes juguetes. Tienen mucha capacidad de concentración y contemplación, sin inquietarse”.

Metodología alternativa, llámese Waldorf, Disruptiva, Montessori, Reggio Emilia u otras tantas, lo cierto es que la educación que reciban nuestros hijos debe estar adaptada a los modos y maneras del siglo XXI, para que ellos sean capaces de escribir su propio futuro.

Marta Álvarez

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