Lina Morgan y el bote de la tonta

La vida de Lina Morgan durante los últimos años fue de enclaustramiento voluntario. A pesar de tener amigos íntimos que la querían y la hubieran acompañado de haber sido esa su elección, quiso vivir su soledad. Desde que se supo que estaba enferma –oficialmente una neumonía– las noticias sobre su estado de salud las transmitía su hombre de confianza Daniel Pontes. La información la daba siempre con cuentagotas y además esas explicaciones coincidían en tiempo y espacio con el rumor sobre su inminente fallecimiento. Se había convertido en una maldad recurrente que su antiguo chófer reconvertido en tutor legal por obra y gracia de Lina desmentía..

by Joaquin Reyes

Por lo tanto había que dar por buena que la evolución de su enfermedad (nunca se supo realmente cuál era) resultaba favorable. Daniel Pontes ha sido el único testigo de cómo Lina Morgan se iba apagando. Desde que muriese su hermana, para la actriz su chófer se convirtió en algo más que en su mano derecha. Pontes pasó a ser su hombre de confianza y hasta su tutor legal. Él fue quien la cuidó cuando la salud de la actriz empezaba a debilitarse y el que acató las últimas voluntades de la intérprete. Por eso, porque Daniel es el único que sabe cómo estaba realmente Lina en los últimos años, es la persona más buscada el día de su muerte.

Hasta aquí la historia más o menos oficial de los últimos meses de vida de la que ha sido sin lugar a duda la gran cómica del panorama artístico español. Tenía esa cualidad que solo con levantar el telón la gente que acudía a sus funciones se reía. Una vez que se apagaban las luces de su Latina querida Lina Morgan cambiaba el registro, dejaba de actuar y volvía a ser Ángeles, Angelines como la llamaban sus íntimos, o Chacha, el apodo cariñoso de su hermano José Luis, el verdadero y único hombre de su vida. A pesar de lo que a veces se decía Lina Morgan tenía sus incondicionales como Hugo y Moncho Ferrer, Arturo Fernández, Amparo Rivelles, Sancho Gracia y muchos más, que formaban un grupo animado que no se perdían los Premios Mayte de Teatro. Mientras estuvo en activo nunca falló a esa cena, que era como los Goya del teatro. Sorprendentemente, y a pesar de llenar durante años su Teatro La Latina, nunca lo recibió. “Es que yo soy payasa y a lo mejor por eso no me catalogan en ninguno de los apartados”, decía en esas noche de fiesta en Mayte Comodore.

Lina-Morgan

Su colgante de la suerte

Lina aparecía siempre elegante, con vestidos de firma y con joyas importantes que solía cambiar muy a menudo. De lo que nunca se desprendía era de un colgante con forma de elefante en plata lacada “Y con la trompa para arriba que da suerte”, decía. Fue uno de los primeros regalos que le hizo su hermano y desde que murió nunca se desprendió de él. “Es mi fetiche, mi talismán y no me lo quito ni para dormir”, me contaba en una de sus últimas apariciones públicas. Una convocatoria del padre Ángel, a las que nunca fallaba. “Es el único hombre que ahora me hace salir de casa”, contaba con humor para explicar que “la vida social no tiene demasiado interés para mí. Ya no es como antes, que nos juntábamos gente de la profesión y hablábamos de todo. Ahora me encuentro con chicos y chicas monísimas que son todos iguales y no consigo diferenciarlos”.

A Lina tampoco le gustaba el cambio que se había producido en la prensa. En esa misma reunión de Mensajeros de la Paz se llegó a tomar a risa las preguntas de un becario: “Me ha dicho que si no me gustaría trabajar en televisión. Le he contestado que si no le sonaba Hostal Royal Manzanares”.

Se quedaba tan pancha siendo borde con los que consideraba que lo eran con ella. Lina Morgan tenía un carácter fuerte y en muchas ocasiones seco. Su hermano José Luis que era todo lo contrario y se lo echaba en cara. “Era mucho más sosegado, más tranquilo que yo”, me decía.

Jose Luis y Lina Morgan
Jose Luis y Lina Morgan

Su hermano lo fue todo para ella

El punto de inflexión en su vida fue precisamente la muerte de este hermano, que para ella lo fue todo, amigo, padre, hijo, maestro, jefe. A partir de ahí su vida fue un echar la vista atrás y recordarlo mañana, tarde y noche. No había entrevista en que no surgiera su nombre. “Se ha ido demasiado pronto, fue una muerte injusta, un hombre bueno, cariñoso, …” y así adjetivo tras adjetivo que desgranaba hasta emocionarse. Pasó tiempo hasta que pudo sentarse en el palco que compartían en el Teatro La Latina. Ese teatro que fue su sueño, su inversión y la culminación de una carrera profesional imponente. Su hermano decía que era “la Shirley MacClaine española”.

Su pérdida fue el principio del fin en la vida afectiva y casi laboral de la actriz. No tenía ilusión por el trabajo. Cada vez que acudía a su teatro y no estaba José Luis se deprimía. Dejó de ir y lo siguiente fue venderlo aunque siempre tuvo su palco vitalicio. Su hermana Julia fue el tercer vértice del triángulo familiar. También murió y entonces fue cuando se refugió en sus amigos, que no la abandonaron. Fue ella la que decidió vivir en soledad y con el recuerdo de su hermano en las muchas fotografías enmarcadas que decoraban su casa. Dicen que una de sus actividades preferidas además de ver películas antiguas era mirar y remirar los álbumes con fotos y recortes de prensa de sus éxitos que José Luis recopiló durante toda su vida. Ahora por fin se reencontrara con él. 

Su pequeña fortuna

El productor Jesús Cimarro tuvo que invitarla a más de 50 cenas (con champán) para que la protagonista de La tonta del bote se deshiciera de su querido teatro. La artista había adquirido este templo de la revista a Colsada matándose a trabajar. «Lina hacía burradas como salir a bailar sangrando porque había pisado un clavo del escenario», recordaba Joaquin Kremel. Le costó oonce años de funciones dobles pero este teatro es la base de su boyante patrimonio. En 2011 lo vendió por 7,5 millones de euros.

En los últimos años Lina se había deshecho también de tres empresas de las que era administradora, dos dedicadas al espectáculo y la otra, Telasa S.L., tenía como objeto el alquiler de pisos. Según el resgistro de la propiedad, su único inmueble actual es el elegante piso de 290 metros cuadrados en el que reside. Ubicado junto al Retiro (siendo vecina de la Infanta Elena), su valor estaría en torno a 1.200.000 de euros, pese al momento bajo del mercado.

Además la vedette atesoraba dos importantes colecciones: por una lado, sus magníficos abrigos de pieles y por otro sus joyas. «Cada vez que Lina estrenaba un éxito, y fueron muchos, su hermano José Luis le regalaba la mejor joya que encontraba en Madrid. Tenía un gran gusto y no le importaba el precio…», dice un amigo. Así logró la que Luis María Ansón calificase en una ocasión como la primera colección de joyas de España. Hace un tiempo la artista pensó en deshacerse de algunos de estos recuerdos de varios kilates y no pudo.«El joyero le dijo que actualmente no tenían clientes que pudieran permitirse esas joyas».

Sumado todo, su fortuna superaría los nueve millones de euros. Parte de la misma pasaría a manos de sus sobrinos nietos, hijos de dos de sus hermanos mayores y con los que la artista no había tenido apenas trato ya que sus hermanos «Julio y Emilio eran bastante más mayores. Se marcharon cuando ella era una niña, hicieron su vida, dejaron a la familia y no se trataban», explica un antiguo colaborador.

Esta desconocida rama familiar es ahora la heredera de la legítima de la actriz ya que ella no ha tenido hijos. De hecho, no se le han conocido pretendientes. «En mi vida he querido y me han querido», es lo único que ha dicho sobre su vida privada. Su hermano pequeño José Luis fue el niño de sus ojos. «Era mi hijo, mi padre, casi mi novio, era la mano en la espalda para que yo no tropezara». Ni Jose Luis fallecido en 1996, ni su hermana mayor Julia, llegaron a casarse.

La legítima sería sólo una tercera parte de la herencia, el resto, según su entorno, iría a manos de Pontes, a quien ahora molesta que las revistas se refieran a él como «el chófer de la actriz». Desde que su anterior gestor, Ángel García, la traicionase, él ha sido quien se ha encargado de sus asuntos y ha ejercido de familia.

En el legado de esta artista, tremendamente generosa, también habrá importantes donaciones para la iglesia de Jesús, el Pobre, situada detrás de su casa natal («ella pagó practicamente su restauración», desliza un amigo) y para Mensajeros de la paz, la ONG del padre Ángel, de la que es madrina. «Es una persona muy solidaria con todos. Sonriente y que siempre tiene una sonrisa para los demás. A nosotros nos ha ayudado mucho igual que a gente de la calle o sus trabajadores», dice el párroco. De hecho, en los 70, cuando sus revistas Sí al amor o Vaya par de gemelas tenían colas kilométricas, Lina dedicaba un día a la semana a recibir a sus admiradores y la gente le llevaba a La Latina muchos regalos, flores y productos típicos del pueblo, como quesos. Ella tenía a la vuelta de la esquina una furgoneta para cargarla con estos presentes y repartirlos por los hospitales de Madrid. A pesar de su éxito, nunca ha olvidado aquellos años de carestía en los que siendo una niña recogía cartones y botellas para ayudar a la economía familiar.

Diversas fuentes consultadas

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