Reforma constitucional: Sin miedo al cambio

La Constitución española va hacia los 37 años de vida como uno de los textos fundamentales más vírgenes de Europa con sólo dos reformas y por exigencias europeas. Esta situación contrasta con las decenas de reformas constitucionales emprendidas por otras democracias europeas. Alemania ha superado las 60 modificaciones en su carta magna, Irlanda va camino de la treintena y la Constitución francesa ya ha sufrido 25 cambios…

Tampoco se quedan atrás Bélgica, con 13 reformas, Portugal -con una Constitución casi tan joven como la española- o Italia, que ya ha completado más de una docena de modificaciones constitucionales, aunque ahora está en callada con una propuesta de cambios de calado. Aunque siguen lejos del imparable reformismo de México, con más de 400 modificaciones de su constitución a lo largo de su historia.

Francia: Cambios constantes para modernizar la República

Los cambios en la Constitución francesa del 4 de octubre de 1958 han sido constantes a lo largo de sus casi sesenta años. En total, ha sufrido 24 revisiones, con más frecuencia en los últimos 25 años por la necesidad de adaptarse al marco europeo y de modernizar las instituciones de la República.

El procedimiento para modificar la máxima ley francesa está detallado en el artículo 89 de la Constitución. El presidente de la República, a petición del primer ministro, debe someter el cambio al Parlamento. Para que prospere, necesita ser aprobado con dos terceras partes de la cámara. Después, hay dos tipos de procedimientos, el normal –que requiere un referéndum– y el abreviado, que no lo necesita. En la práctica, la mayoría de las revisiones no han sido refrendadas. Todos los aspectos de la máxima ley francesa pueden ser revisados salvo dos excepciones: el carácter republicano de Francia y la integridad del territorio.

El último cambio constitucional fue la gran reforma que impulsó el expresidente Nicolas Sarkozy en julio del 2008 para modernizar la V República y democratizar el funcionamiento de las instituciones, y que salvó frente a la oposición por solamente un voto. Los socialistas consideraron que la reforma era insuficiente y que otorgaba más poder a la “monocracia” de Sarkozy. La reforma modificó casi la mitad de los artículos de la Constitución y aumentó los poderes del Parlamento, una vieja demanda de los legisladores. Ahora pueden vetar ciertos nombramientos presidenciales y establecer quince días al mes su orden del día, que antes decidía el gobierno en exclusiva. Además, el ejecutivo debe informar al Parlamento de las intervenciones armadas en el extranjero y debe obtener su autorización para todo despliegue que supere cuatro meses.

Otras revisiones constitucionales han servido para limitar los mandatos presidenciales a un quinquenio, en el año 2000; para adoptar el tratado de Maastricht, en 1992; o para elegir el presidente de la República con sufragio universal directo, en 1962.

Alemania: Seis décadas y 60 reformas para la constitución ‘provisional’

Llamada a ser una norma transitoria para la Alemania occidental de postguerra, la denominada Ley Fundamental (Grundgesetz) sigue vigente casi 70 años después de su promulgación, como Constitución de la República Federal Alemana. Por el camino, decenas de modificaciones, ampliaciones y unas cuantas reformas en profundidad que han permitido adaptar el texto a la realidad nacional de cada momento. Promulgada el 23 de mayo de 1949, no recibió el nombre de constitución, sino de Ley Fundamental, lo que trataba de remarcar la provisionalidad de un texto vigente en principio, únicamente, en los territorios bajo control aliado, que en aquellos días dieron origen a la República Federal Alemana. Sólo dos años más tarde tuvo lugar la primera modificación de la ley, enmendada seriamente de nuevo en 1956, cuando se aprobó el rearme y la creación de las fuerzas armadas alemanas. Ya en la década de los 90 tuvieron lugar una serie de reformas constitucionales de calado, principalmente relacionadas con la reunificación alemana y el proceso de integración en el seno de la Unión Europea.

Las dos últimas grandes reformas han sido las conocidas como reformas del federalismo. Aprobadas en el 2006 y 2009, se reorganizaron las competencias del Estado federal y los estados federados. En diciembre del 2014 tuvo lugar el último ejecutado hasta la fecha, el sexagésimo. Se trata de una acción política encaminada a promover la investigación y la mejora de la financiación de los centros de enseñanza superior. Aprobar un cambio constitucional en Alemania requiere de unos amplios consensos, tanto ideológicos como territoriales. Se necesita el voto favorable de dos tercios tanto del Bundestag, la cámara baja, como del Bundesrat, la cámara alta en la que se representan los länder o estados federados. La principal reforma del Estado federal, por ejemplo, fue materializada en el 2006 en el marco del primer gobierno de Merkel. Por otro lado, cabe apuntar que no todo es variable en la Constitución alemana. Los principios establecidos en los artículos 1 y 20 se consideran inalterables. Hacen referencia a la dignidad humana, los principios del Estado, como la democracia o el Estado de Bienestar.

Italia: Una Constitución reformada sólo de forma cosmética

Como sucede en España, en Italia la Constitución ha permanecido bloqueada largo tiempo por la falta de consenso político y las luchas partidistas. Aun así, la ley fundamental italiana, la primera Constitución del país desde su unificación, aprobada en 27 de diciembre de 1947 y claramente influenciada por la izquierda dominante y el sentimiento de desconexión con el fascismo, ha sido retocada desde entonces en doce ocasiones, la última en el 2007. Aunque generalmente todos ellos fueron cambios modestos y cuando se ha querido rediseñar en profundidad la arquitectura del Estado, como sucedió en el 2006 con la reforma federalista impulsada por la derecha berlusconiana, ha fracasado estrepitosamente en las urnas. En estos momentos Italia ha vuelto a abrir el debate de la reforma de su ley fundamental en el que es uno de los proyectos “personales” del primer ministro, Matteo Renzi, quien aboga por reforzar el centralismo de una Constitución que ya fue parida con esta concepción del Estado.

Una “reforma histórica”, según palabras de Renzi, que quiere acaba con el “bicameralismo perfecto”, durante años una de las peculiaridades del sistema político italiano y que, a la práctica retrasaba la ­acción legislativa, y convertir el Senado en una cámara de representación territorial, con puesta por alcaldes, concejales regionales y personas designadas por el jefe del Estado, y que contará muchas menos competencias que las actuales. En definitiva, la izquierda italiana busca otra vez reforzar el centralismo de una Constitución que ya nació con esta visión del Estado. Otro de los objetivos de esta reforma de Renzi, que puso sobre la mesa el anterior primer ministro, Enrico Letta, es adelgazar el aparato institucional del Estado italiano, con una rebaja del número de legisladores, modificación de las diferentes normas electorales. Renzi por ahora se está encontrado con serios problemas y una oposición.

Anna Buj / Jordi Orts | París / Berlín

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