Albert Einstein cumple 136 años

Si hubiésemos podido preguntarle a Albert Einstein que cómo se describiría a sí mismo, habría contestado sin duda que cómo un pensador. La originalidad de sus ideas y teorías científicas se basan en su increíble capacidad de pensar y reflexionar, sin limitarse a lo que se reconocía como verdades indiscutibles. Desde niño, Albert, se cuestionó todo sobre el mundo que lo rodeaba…

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Einstein nació el 14 de marzo de 1879 en la ciudad de Ulm en el seno de una familia judía no creyente. Cuando tenía cinco años le regalaron una brújula, un aparato que por mucho que se agitara y golpeara siempre acababa apuntando al norte. Y parece que esta tecnología medieval atrajo al niño Albert a la magia de la ciencia.

Se ha destacado que no fue un niño precoz, pero seguramente ese mito hace referencia a sus notas en el colegio. Einstein no fue nunca, ni de joven ni de mayor, un estudiante disciplinado. Sin embargo, desde muy pequeño leía libros de divulgación científica y filosofía y demostró pasión por los juegos matemáticos y el álgebra.

Siempre ha sido difícil mencionar la nacionalidad certera de Einstein, porque literalmente era un hombre de mundo: nació en Alemania, viajó de niño a Italia y a los 17 años se estableció en Zurich. Desde entonces, gozaba de una doble nacionalidad, germana y helvética, que se amplió a la estadounidense unos años después.

En Suiza conoció a su primera mujer, la serbia Mileva Marić, con la que le unía una gran afinidad. Eran compañeros de estudios y amantes de la ciencia. Mileva fue una gran matemática e incluso se ha llegado a asegurar que los principales experimentos de Einstein tuvieron en ella su principal apoyo.

Incluso se ha comentado, parece que no muy certeramente, que Marić tendría que haber sido también nominada al premio Nobel. Algunos historiadores mantienen que él no tenía el bagaje matemático necesario para llegar a sus grandes descubrimientos.

El intenso romance de Albert y Mileva, del que tuvieron como fruto a dos hijos, Hans Albert y Eduard, se marchitó pronto y ambos se divorciaron en 1919, y él se casó con su prima Elsa, una mujer convencional, ama de casa y sin ninguna vocación intelectual. Pese a ello, cuando recibió el Nobel de Física de 1921, entregó la cantidad completa a Mileva. No está clara la deuda científica de Einstein con Marić, pero este ‘regalo’ demuestra la gran deuda personal del científico con su compañera serbia.

Cuando se graduó en el año 1900, Einstein no encontró trabajo fijo. Fue el único de su promoción en no hacerlo. Sostuvo a su familia dando clases hasta que en el año 1902 encontró empleo como funcionario de la oficina de patentes de Berna. Era un puesto mediocre, peor le permitía dedicarse a lo que más le gustaba: elucubrar.

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Los experimentos de Albert Einstein

Bien asentado en un cargo poco exigente, Albert tardó sólo tres años en llegar a la cima científica. En 1905 publicó cuatro artículos que colocaban patas arribas todas las teorías físicas existentes hasta ese momentos. Los cuatro artículos se imprimieron en la misma revista, Annalen der Physik, y fueron tan importantes como para que en la biografía de Albert Einstein ese 1905 se conozca como el Annus mirabilis (año milagroso).

En el primero de los artículos, Einstein introduce la idea de que la luz tiene una doble naturaleza, como corpúsculo y como onda, lo que echaba por tierra las ideas de este campo de la física que se mantenían hasta entonces y le permitió obtener el premio Nobel de 1921. En el segundo, analizaba el llamado ‘movimiento browniano’ e introducía las claves teóricas para la idea de que la materia se compone de átomos. Y, en el tercero, menciona la relatividad especial, que no hay que confundir con su posterior desarrollo de la importantísima relatividad general. En el cuarto aportaba la célebre fórmula e=mc2.

Contra el armamentismo

Estos cuatro éxitos se limitaron al ámbito científico y Einstein se mantuvo como oficial en la oficina de patentes. Sin embargo, en 1908 obtuvo un puesto en la Universidad de Berna y dos años más tarde se desplazó a Praga para asumir el cargo de catedrático -professor- en la Universidad Alemana de dicha ciudad. Albert tuvo siempre una personalidad indomable y, pese a ser admitido en 1913 como miembro de la Academia Prusiana de Ciencias, se negó a firmar un manifiesto de apoyo a la política armamentística del kaiser.

En 1915 la creatividad de este físico vuelve a destrozar el ideario científico de la época. Sus ideas sobre el principio de la gravedad universal acababan con las ideas lanzadas siglos antes por Isaac Newton. El eclipse de 1919 permitió comprobar en un experimento que la luz, tal y como él predecía, se curvaba por efecto de la gravedad, lo que le llevó a convertirse prácticamente la noche a la mañana en una figura popular reconocida más allá de la comunidad científica.

El éxito de Einstein, que copó las portadas de los más importantes diarios de la época, chocó con el avance del extremismo nacionalista en su país. En los años 20 comenzó una mala época para el conocimiento: mucho más si este provenía de la mente de un judío progresista. Su perfil no encajaba con la idea de ‘ciencia pura’ que empezó a instalarse en Alemania e incluso tuvo que hacer frente a un manifiesto firmado por un centenar de científicos que denunciaban la falsedad de sus experimentos. En su defensa, realizó uno de sus comentarios geniales: “Si yo hubiese estado equivocado, un solo profesor habría sido suficiente”.

Ante la amenaza del triunfo de Hitler, en 1932 el físico tomó la decisión de emigrar a Estados Unidos, donde ocupó un cargo en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton. En 1940 abrazó la nacionalidad estadounidense.2d10189a8c8da3e11853b38e69d6f9f8

En el clima bélico de la época y conocedor de primera mano de las tácticas y objetivos nazis, se convirtió en un ferviente partidario de la promoción de las armas atómicas, que estaban muy avanzadas gracias a los experimentos de investigadores como Lise Meitner. Fue así uno de los firmantes de la célebre carta al presidente Roosevelt en la que se llamaba a la acción y se exigía tomar la iniciativa en este campo. El tradicional pacifismo de Einstein chocó con las brutales explosiones de Hiroshima y Nagasaki, pero él confirmó haber optado por un mal menor.

Cuando murió de una aneurisma en 1955, Einstein se había convertido posiblemente en el científico más mediático de la historia, responsable de algunos de los mejores experimentos. Había recorrido medio mundo impartiendo conferencias que, pese a su sesudo y complejo contenido, estaban siempre abarrotadas. Hasta su muerte, allá donde fue siguió copando las portadas de sus más prestigiosos periódicos.

Años después del fallecimiento se supo que había sido investigado por la administración estadounidense y que el FBI disponía de un nutrido informe sobre él. Con ello, Einstein cerraba el círculo de sus paradojas: de padre espiritual de la bomba nuclear a sospechoso político por sus ideas pacifistas.

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