Las personas incómodas, como Concepción Arenal, acaban siendo notas a pie de página

Mujer adelantada a su tiempo, feminista, defensora de los derechos de los trabajadores y trabajadoras, del igualitarismo y con una dedicación muy importante a las condiciones de reclusos y reclusas y a sus garantías legales, dejó una importante producción teórica y periodística. El Club de Opinión Portocelo, de Marín, organiza este jueves un coloquio dedicado a Concepción Arenal, en el 195º aniversario de su nacimiento. En el coloquio participarán Encarna Otero, miembro de la Comisión de Igualdad del Consello da Cultura Gallega, y la abogada e investigadora Celia Pereira Porto. Además, Mayca Braña realizará una lectura dramatizada del poema “Espejos” y se proyectará el documental “A visitadora de cárceres”..

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Por Marco Pérez Pena

Concepción Arenal es una mujer referente en toda Europa, pero de la que -como suele ser habitual en la mayor parte de las grandes figuras femeninas de su tiempo- hay un gran desconocimiento o, al menos, se conocen solo algunos aspectos, una visión parcial e incompleta. “Ya está bien de llamarlas a ella y a Juana de Vega ‘damas de la caridad” -señala Encarna Otero-. “Fueron las dos socialistas utópicas y feministas”. Otero realizará un recorrido por la intensa actividad de Concepción Arenal, que puso en marcha diversos proyectos pioneros, muchos en colaboración con la Condesa de Espoz y Mina.

Ahí está, por ejemplo, el proyecto de una sociedad en Ferrol para la construcción de viviendas sociales para los obreros, siguiendo los principios del higienismo inglés y ofreciendo el acceso a una vivienda digna para los trabajadores. “El proyecto no pudieron completarlo porque Juana de Vega murió antes, en 1872. Años más tarde Concepción Arenal consiguió ejecutarlo en Gijón”, destaca. O, igualmente, el proyecto de crear una escuela teórico-práctica de agricultura en la propiedad que tenía Juana de Vega en San Pedro de Nós, que no se pudo poner en marcha. “Era una gran defensora de la agricultura, porque era un mundo muy vinculado a la mujer”, señala Encarna Otero.

“Quiero situarlas en la misma línea de Flora Tristan y de Louise Michel en Francia, con una gran identificación entre derechos de las mujeres y derechos de los trabajadores, en el socialismo utópico” -dice-. “Juana de Vega creó en A Coruña un círculo de liberalismo, de feminismo y de defensa de los derechos de las mujeres, con una gran preocupación, sobre todo por parte de Concepción Arenal por la defensa de los derechos de las mujeres como trabajadoras y como capacitadas para el estudio, un trabajo que fue especialmente intenso durante el corto período de la Primera República”.

“No es casual que en A Coruña triunfaran y tuvieran mucha fuerza todos los pronunciamentos militares progresistas del siglo XIX y tampoco es casual que en Galicia surgieran Concepción Arenal, Juana de Vega, Rosalía de Castro o Emilia Pardo Bazán [que defendió y reivindicó en vida a Concepción Arenal], todas defendiendo los derechos de las mujeres como personas”, subraya. “Ellas son las transmisoras de un pensamiento que en ese momento atraviesa toda Europa, desde Rusia hasta Galicia, un movimiento de liberación de la mujer, de identificación de las mujeres con los proletarios”, concluye.

Una Concepción Arenal para el presente

Celia Pereira defiende una visión semejante de Concepción Arenal y en su intervención hará hincapié en la sorprendente actualidad que muchos de los debates y propuestas impulsadas por ella mantienen en el siglo XXI: “Más allá de conmemorar una fecha, creo que es más importante ver qué cosas nos pueden servir para el presente”. “Ahondó en la prostitución, apostando por su abolición. Criticó mucho la desigualdad de salarios entre hombres y mujeres. Defendió el sacerdocio femenino. Criticó el trabajo infantil [en aquel entonces simplemente se había conseguido su prohibición para los menores de diez años en España], que hoy sigue siendo un tema de vital importancia en muchos países. Criticó la desigualdad económica, la pobreza y la miseria, y demandó medidas para cambiar la situación”, enumera.

Por supuesto, fue muy importante su labor en todo lo relacionado con los derechos de las personas juzgadas y de los presos y presas. Criticó el uso y abuso de la prisión preventiva, “una figura que debería ser excepcional pero que en España es norma y provoca consecuencias muy graves, como acabamos de ver en Ciutat Morta“, recuerda Celia Pereira. “Criticó también las penas pecuniarias, que en la nueva reforma del Código Penal se incrementan. Y criticó los ingresos en prisión con penas pequeñas, sobre todo habida cuenta cómo eran las cárceles en el siglo XIX”, comenta. “En general, ella se preocupa y defiende siempre a las personas más desvalidas”, añade. “Ella no tenía un pensamiento revolucionario” -señala-, “no quería subvertir el sistema, pero sí modificar aquellas cosas que ella en su sensibilidad consideraba inaceptables”.

Concepción Arenal, que a lo largo de su vida tuvo que superar muchas desgracias personales y obstáculos (acudió de oyente a la universidad disfrazada de hombre, cuando aún estaba prohibida la presencia de las mujeres), criticó sobremanera la doble moral existente en la sociedad y en la ley, en la propia enseñanza y en el trabajo, pero también en el adulterio. En cuanto a la enseñanza, precisamente, ella se manifestó contraria a que la religión estuviera presente en las aulas, a pesar de ser una persona religiosa, “pero era más religiosa de sentimiento que de dogma”, comenta Celia Pereira.

Un elemento esencial para comprender tanto su vida como su obra lo constituye su cercanía al ideario liberal y krausista, un acercamiento que también le permitió tener una buena relación personal con muchos de sus más importantes representantes, como Salustiano Olózaga, Fernando de Castro, Francisco Giner de los Ríos o Gumersindo de Azcárate. Fue singular la relación que mantuvo con su marido, Fernando García Carrasco, con quien compartió trabajo intelectual y realizó muchas investigaciones y textos en conjunto, “algo que no es habitual en ese tiempo”. Su obra tuvo repercusión internacional a pesar de que Concepción Arenal no salió nunca de España. Sin embargo, envió informes a congresos internacionales que fueron objeto de unánime aplauso por parte de los expertos allí presentes y colaboró en publicaciones y libros editados en francés e inglés.

Sin embargo, aún está lejos el momento en que la Historia la reivindique con una dimensión a la altura de su figura. “No era una persona cómoda para el poder, y las personas incómodas normalmente acaban siendo, con suerte, notas a pie de página en los libros de Historia, y mucho más si son mujeres”, dice Celia Pereira. “Ella, además, cuidaba mucho su intimidad, no hablaba mucho de sí misma, no se reivindicaba” -comenta-. “O tienes un grupo de gente que años más tarde se encargue de difundir tu obra y tu pensamiento, o estos pasan más desapercibidos”.

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